En un artículo previo publicado en estas páginas, el escritor Jaime Torres Mendoza, una de las mejores plumas del bisemanario “Espacio 4”, habla de que el futbol no le apasiona porque tiene “otros datos” que le impiden acercarse a ese deporte lúdicamente. A pesar de ello, aclara, respeta a quienes lo siguen apasionadamente. Ahora no dice qué otra actividad no le inspira respeto y detesta apasionadamente: “La política. Mejor aún, a los políticos. Son perros del mal para una nación entera como la nuestra. Y cuando han adquirido todo el poder no hay nada que les ponga freno. Excepto la crítica.
“Por eso me permito recordar a Octavio Paz –continúa el maestro–, quien decía que el espíritu crítico es la gran conquista de la edad moderna. ‘Nuestra civilización –asegura en su discurso de ingreso al Colegio Nacional– se ha fundado precisamente sobre la noción de crítica: nada hay sagrado o intocable para el pensamiento excepto la libertad de pensar. Un pensamiento que renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es pensamiento. Sin crítica, es decir, sin rigor y sin experimentación, no hay ciencia; sin ella tampoco hay arte ni literatura. Inclusive diría que sin ella no hay sociedad sana’.
“La cita define la inequívoca posición intelectual, no sólo la del poeta aludido, sino la de cualquier ciudadano frente a la realidad, diversa y múltiple que tiene frente a sí. Mi maestro Severo Iglesias mantenía la certeza de que la crítica es la mejor opción para un ciudadano. Ejerciéndola contribuye a la construcción de los grandes valores que fortalecen una democracia que le dé vida a una existencia plural, rica en matices para mirar el mundo que lo rodea. La crítica, decía, es una exigencia que revitaliza cualquier ejercicio democrátisco.
“Ambas posturas, la de Octavio Paz y la de Severo Iglesias, mantienen en el sustrato una fidelidad a dos premisas fundamentales de la contemporaneidad: la conciencia crítica, es decir, el cuestionamiento de todas las verdades establecidas sostenidas a ultranza, y la defensa de la libertad ciudadana frente a cualquier estatuto de poder. Ambas premisas constituyen una reivindicación de los valores esenciales del humanismo y un constante recordatorio de que hay que acreditarlos en la vida cultural de la modernidad porque son elementos sustanciales de la dignidad humana.
“El ideal de cualquier sociedad sería tener una pasión crítica que dominara la conciencia de su ciudadanía, lo mismo que la praxis del quehacer político. Con ello se alcanzaría, no sólo la sociedad sana por la que propugnaba Octavio Paz, sino también una sociedad verdaderamente democrática, capaz de discutir sus problemas y plantear sus divergencias sin que por ello llegara la aniquilación del otro. La conciencia crítica ciudadana no permitiría jamás el ejercicio abusivo, caprichoso y unilateral del poder público. A cambio de ello la crítica ciudadana acotaría los delirios de los caudillos con el ejercicio pleno de un estado de derecho bien constituido.
“La conciencia crítica ciudadana no dejaría abierta la puerta del continuismo político por donde puede entrar la tentación de las dictaduras bajo el supuesto de una utilidad pública en beneficio del pueblo. En pleno ejercicio de sus facultades, la conciencia crítica ciudadana podría orientar definitivamente la vida política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, pasando así de la condición histórica del México de un solo hombre a la de una nación de instituciones y leyes para vivir en plenitud un estado de derecho.
“Una pasión crítica ciudadana no permitiría la destrucción de instituciones porque los contrapesos se vuelven débiles y su fortaleza es necesaria para la consolidación del Estado de derecho, para que las leyes sean las que normen la vida del país y no los caprichos u ocurrencias de los gobernantes en turno. Tampoco dejaría asignaturas pendientes como la salud, la educación, la justicia y todas las estabilidades que una sociedad verdaderamente democrática necesita para fundar las bases de un desarrollo sostenible y duradero dónde fincar su bienestar.
“La pasión crítica ciudadana exigiría una lucha frontal contra los grupos delincuenciales que dominan el territorio nacional; pediría rendición de cuentas claras sobre desaparecidos, sobre los crímenes de todos los días, sobre los feminicidios, sobre los dramas migrantes, sobre la pobreza, sobre el atraso educativo, sobre las carencias para realizar investigación científica, sobre el quehacer de sus políticos…”.
Mendoza cierra su texto con una pregunta que mueve a la reflexión: ¿Cuándo llegará el día de una verdadera transformación, sin número de por medio, pero, sobre todo, sin retórica ni discursos que no se corresponden con la realidad?
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