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Coahuila

Balazos, no abrazos; el ‘modelo Coahuila’ a la luz del Inegi

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

La ironía: el estado que más balazos tira -a juzgar por los videos de las más recientes refriegas en La Ribereña- es el que menos homicidios reporta. Por el contrario, quienes más abrazos ofrecen (ajá) más muertos cuentan en su territorio.

¿El mundo al revés?

A contracorriente del concierto nacional, en el sexenio más mortífero de la historia contemporánea (ayer sábado el país alcanzó 162 mil homicidios dolosos contados a partir del 1 de diciembre de 2018), la entidad ha delegado en su Policía Estatal el monopolio legítimo de la fuerza y le ha autorizado a ejecutar prácticas de blindaje que no serían consideradas naturales en otros contextos. A esa estrategia le llama ‘modelo Coahuila’. Cuestionado y cuestionable, como cualquier asunto público.

Ahora bien, visto a la luz de los datos oficiales, el fenómeno resulta interesante.

El 25 de julio el Inegi presentó las estadísticas de homicidios cometidos en México durante 2022. A nivel nacional, la tasa promedio es de 25 por cada 100 mil habitantes. En Coahuila la cifra es de 5. Sólo en Yucatán (que no es un estado fronterizo ni de trasiego, cabe señalar) es menor, por tanto le supera. Ello representa un segundo lugar nacional con sabor a primero.

A su vez Coahuila pasó de mil 160 homicidios cometidos en 2012, a sólo 169 durante 2022. La menor cantidad de los últimos 12 años, de acuerdo con la serie anual que registra el Inegi.

Dicho en otras palabras: el estado encontró la fórmula para averiar deliberadamente la “Necromáquina” (una máquina de muerte) que definió Rossana Reguillo en su libro homónimo (2021).

Siguiendo la teoría de la autora, un ‘necropoder’ se ha establecido en México; “un dispositivo de muerte que avanza engullendo territorios, cuerpos y futuros”, el cual representa “un tiempo de colapso en el paradigma civilizatorio de la modernidad”.

Por ello, afirma, “romper ese circuito de normalización es fundamental para hacer que la vida importe”. Y tiene razón.

Quienes critican operativos como el desplegado en La Ribereña bajo la óptica de los derechos humanos pasan por alto un axioma: para que haya justicia social tiene que haber antes orden social. Y dan por hecho un dogma: que la violencia es producida por la desigualdad social, lo cual supone un trato especial a los violentos debido a sus carencias y condiciones de origen.

Nada más alejado de la realidad.

No es un prejuicio. Se puede demostrar con la estadística y también con la percepción. Saltillo y Piedras Negras destacan en la lista entre los municipios que son percibidos más seguros del país por sus propios habitantes.

Los más violentos, concluyó también el Inegi la semana pasada, son aquellos donde rige el emblema de Morena. Los estados donde más homicidios se registran, a su vez, comparten el mismo patrón: aquellos que le abrieron la puerta de 2018 en adelante al Movimiento cuyo combustible es el resentimiento.

“Estamos atendiendo las causas”, ha repetido el Presidente al respecto de manera sicofante. Y “abrazos, no balazos”, nació como una frase jocosa en medio de un debate entre candidatos presidenciales de 2018. No es una estrategia, sino un simple eslogan. No es una declaración de principios, sino un lugar común. Otra expresión machacona para sembrar en el imaginario colectivo una idea y salir avante con propaganda, sin ocuparse de los asuntos públicos.

Cortita y al pie

Lo que un tiempo fueron grupos paramilitares asolando territorios, nombrados eufemísticamente “civiles armados”, y desestabilización intencionada, hoy contrasta con la intervención en el momento de los hechos a diferencia del pasado, donde la presencia y actuación de las fuerzas armadas ocurría sólo al término de los enfrentamientos entre delincuentes, acotando su participación como simples espectadores. Una supervisión complaciente a distancia, como documenta Guadalupe Correa Cabrera en Los Zetas Inc. (2018), específicamente en su capítulo “El disfraz de la guerra: comunicado de los residentes de La Ribereña”.

La última y nos vamos

Por lo demás, nada nuevo bajo el sol. El ‘modelo Coahuila’ es el imperio del hombre sobre el hombre basado en los medios de violencia legítima, como definió Max Weber en su día. La diferencia entre atender, o dejar pasar.

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