“Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libre en sus capacidades y personalidad”
Indira Gandhi
Las mujeres estamos trabajando para construir cambios sustanciales en la sociedad. El reconocimiento de derechos que nos han sido negados solo por nacer mujeres o a los cuales no hemos podido acceder debido a una serie de estereotipos, condicionamientos y expectativas.
Acudí acompañada por mi esposo al estreno de la película Barbie, donde a través de narrativa fantástica presenta una crítica a la realidad que ha construido el hombre cisgénero y que al contrastarla en un supuesto de lo absurdo, permite la propuesta de un futuro posible para las mujeres.
El éxito de la muñeca inspirada en la hija de su creadora Ruth Handler, permanece desde su puesta al mercado hace 64 años.
Y es que a través de la construcción cultural del juego las niñas pudimos ensoñar la prospectiva de un mundo de vida desde la perspectiva de nuestro género.
La etapa adulta nos enfrenta a una realidad instituida por medio de prejuicios fanático religiosos y principios deontológico burgueses que justifican la opresión en contra de las mujeres y a la certeza que cualquier objetivo o meta tendrá un costo mucho mayor para nosotras.
El guion de la película va desarrollando una trama donde Barbie deja atrás esa inocencia propia del infancia y en un viaje alegórico llega a la realidad, un lugar espantoso dominado por hombres que acaparan el poder y nos imponen normas para intentar destruir nuestra seguridad, nuestra identidad y hasta nuestra integridad como personas mediante la opresión, el acoso y la violencia.
En la metáfora de la niñez que es Barbieland los hombres representados por Ken sufren ante la facilidad con la que el sistema los reduce al carácter de un mero accesorio.
En verdad espero que el público masculino haya empatizado por lo menos durante la hora y 54 minutos que duró la película con la violencia de género contra ellos. Cuando menos por ese corto lapso tendrán una breve idea del rol humillante de un sistema opresor que ha intentado vulnerar nuestra dignidad como personas.
Las últimas escenas vienen con un correcto, limitado y muy propio reclamo por parte de Ken, para obtener un espacio en la Corte del país de fantasía.
La negativa que obtiene es firme pero a la vez complaciente, concediéndole participación “cuando mucho en los tribunales de circuito menor”, ante lo cual Ken se muestra alborozado.
De vuelta a la realidad y ya con la caja de palomitas vacía salgo de la sala acompañada de mi marido a un mundo donde no voy a aceptar paliativos, donde voy a continuar con mis compañeras la lucha para reivindicar nuestro derecho a los espacios de toma de decisiones, para alcanzar la libertad financiera, la visibilidad de nuestro poder, la libertad ante todos los tipos de violencia.
La justicia para vivir en ese mundo rosa que nos imaginamos de niñas, y ser en este mundo lo que queremos ser.
Más sobre esta sección Más en Coahuila