La economía del Sureste de Coahuila en 2025 exhibe una paradoja de consumo alarmante: un segmento de altos ingresos sostiene un floreciente mercado de lujo, con cenas de hasta 5 mil pesos, mientras el comercio tradicional y la base productiva (campo, pymes) enfrentan una crisis de bajas ventas y carestía. El aumento del desempleo industrial, la inflación impulsada por la sequía y la incorporación de septiembre como un “mes malo” anticipan una difícil “cuesta” económica al cierre de año.
El Sureste de Coahuila atraviesa 2025 bajo el signo de la bipolaridad económica, una condición que polariza la estabilidad de la región. El panorama es claro: no estamos ante una crisis generalizada, sino ante una profunda divergencia donde el crecimiento industrial y las ganancias de un segmento de altos ingresos han creado una burbuja de gasto en el norte de Saltillo, mientras el resto de la economía, anclada en la producción primaria y el comercio tradicional, opera bajo una presión financiera insostenible.
El espejismo del norte: Consumo de Lujo Ignora la Crisis
El síntoma más evidente de esta divergencia es la inercia del sector suntuario. El desarrollo de nuevos restaurantes y bares de alta gama demuestra que la élite con ingresos superiores a 100 mil pesos mensuales, a menudo ligada a la industria automotriz y al nearshoring, no sólo resiente la inflación, sino que la impulsa. Este segmento sostiene precios exorbitantes, donde una cena de lujo supera los 5 mil pesos y, platillos de temporada, como el chile en nogada, alcanzan los 500 pesos la unidad. Este mercado crea un espejismo de bienestar que oculta la desigualdad estructural de la ciudad.
La realidad de la base:la peligrosa ‘cuesta de septiembre’
En contraste, la base productiva de Saltillo lucha por sobrevivir. El comercio local confirma una tendencia peligrosa: la inclusión de septiembre como un mes de “bajas ventas” para giros esenciales como panaderías, pastelerías y restaurantes familiares. Históricamente, sólo mayo (golpeado por la sequía y el deterioro del campo) y noviembre (por la llegada de trigo importado el y encarecimiento de insumos) representaban retos específicos. La suma de septiembre indica una erosión del poder adquisitivo del consumidor promedio.
Esta carestía se alimenta directamente de factores externos y productivos: el cambio climático ha devastado al campo, lo que encarece insumos básicos como piloncillo y grasas vegetales. A esto se suma que el sector industrial, el motor tradicional de la región, ha reportado una desaceleración, reducción de turnos o freno de contrataciones, inyectando una nueva ola de desempleo y menor circulante al comercio de barrio.
Pronóstico y riesgo 2026: la cuesta se adelanta
El desempeño del Sureste de Coahuila hacia el cierre de 2025 es incierto. El consumidor promedio, con precios elevados y menor poder adquisitivo, se ve obligado a recurrir al crédito para sortear la inflación, mientras en colonias populares las familias batallan para completar la despensa.
El pronóstico es claro: si la sequía persiste, manteniendo alta la inflación en commodities, y si el empleo industrial no logra un repunte sólido en el último trimestre, la tradicional y temida “cuesta de enero” de 2026 se sentirá mucho antes, posiblemente desde diciembre. Esto se debe a que las familias carecerán del colchón económico necesario para afrontar el inicio de año, consolidando a Saltillo como una ciudad partida en dos: la del consumo de alto nivel y la de la supervivencia.
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