Coahuila
Hace 2 años
Constituir un partido político en Coahuila es más fácil que formalizar una candidatura independiente. No es que la unión haga la fuerza, al tratarse de un grupo versus un ciudadano en solitario, sino de laxitud en las reglas de acceso al poder.
Con el inicio del proceso electoral local, el 1 de enero del presente año, simultáneamente arrancó el plazo para que organizaciones ciudadanas interesadas en constituirse como partidos políticos locales presenten al Instituto Electoral de Coahuila su “aviso de intención”.
Siete ya lo hicieron. Se trata de las asociaciones civiles “Coahuila Nuevas Ideas”, “Movimiento Laborista”, “Fundación Alba Laguna”, “México Avante Coahuila”, “Joven el Partido de la Gente”, “Unión Coahuilense por la Paz”, y finalmente “En Unión Vamos Todos por un Coahuila Próspero”.
Ya como partidos políticos locales, se convertirían con emblema y nombre abreviado en Nuevas Ideas, Movimiento Laborista Coahuila, Partido Democrático de la Mujer, México Avante Coahuila, Partido Cardenista Coahuilense, Unión Coahuilense por la Paz, y Fuerza Independiente de Coahuila, respectivamente.
Más allá de los motes y las presuntas causas que persigan como organizaciones civiles, sin definir su espacio en el espectro político-ideológico, en la bola van personajes que, en otro momento, han fracasado en el intento por mantener vigente un partido recién constituido, o en la creación del mismo.
¿Tienen derecho a una segunda (o tercera, en algún caso) oportunidad?
Y si bien tienen prohibido aliarse con otro partido en su primera elección (para evitar el efecto rémora), en este caso la de diputados locales en 2026, de confirmarse durante 2024 su registro disfrutarán dos años de prerrogativas: 2025 y precisamente 2026.
¿Es lo anterior un abuso? ¿A quién representan? ¿Quién los necesita? ¿Llegan para solucionar un problema?
No se pueden conculcar los derechos políticos. Ni la garantía de asociación. Pero difícilmente mantendrán el registro ni sobrevivirán más allá de la primera elección debido al handicap (y tiempo de exposición mediática) que tienen los otros institutos políticos de procesos anteriores.
Anexarse a los ocho que participan en Coahuila (siete nacionales y la UDC de Lenin Pérez, probablemente el más exitoso en el país al mantenerse vigente por casi tres décadas) es una tarea verdaderamente difícil, por no decir imposible.
Ahora bien, menos partidos no implica se les destine menos presupuesto. Vamos, no está comprobado se ahorren prerrogativas como se piensa. Tampoco erradica el trasvase de votos ni fomenta la pluralidad.
Además representa una oportunidad para encontrar en los temas de moda una coartada para entrar en la opinión pública y granjearse ánimo popular: Redes Sociales. Perritos. Feminismo. Lenguaje ‘incluyente’ y presunta progresía.
Sin embargo cabe cuestionar si pueden ofrecer algo distinto al menú que ya sirven otros, algunos de los cuales todavía hoy -14 de febrero- andan buscando candidatos para presidentes municipales en los 38 ayuntamientos, no se diga completar planillas de regidores.
En diferentes momentos de su historia contemporánea Coahuila ha servido de laboratorio electoral. En 2018, por ejemplo, un total de 14 asociaciones políticas intentaron constituirse como partido político en Coahuila sin éxito.
No obstante, el verdadero fenómeno en el estado es la desafección política. Particularmente cuando estamos acostumbrados a campañas que no rompen esquemas y no retan al statu quo. A candidatos cortados por la misma tijera. Distinto emblema, sí, pero actitudes equiparables. Ni qué decir de sus propuestas; no motivan; mucho menos apasionan.
Contubernio en las cúpulas y candidez en las bases. Y las mismas consignas de cada proceso electoral. Legítimas y vigentes, sí, pero tan sobadas y reutilizadas -sin resultados tangibles- que aburren. Quienes las profieren desaparecen mágicamente del mapa político al día siguiente. Una minoría beneficiada ya con cargo público se vuelve a congelar hasta la siguiente jornada electoral. Y el voto, ahora y siempre, es eminentemente afectivo y emocional, no racional ni analítico. Es cíclico.
Así, ni para hacer montón sirven. O en qué coyuntura los siete nuevos partidos políticos les podrían hacer el juego a otros, facilitarles el trabajo, enturbiar un proceso, actuar como ariete, o vehículo para intereses ajenos. Ninguna.
Cortita y al pie
No es que tengamos institutos modélicos y no se necesite un cambio de paradigma, incluso alguno podría cuestionar la democracia en partidos con dirigentes vitalicios, como Alberto Anaya en el PT o Dante Delgado en Movimiento Ciudadano. López Obrador, en su caso, apunta para serlo en Morena.
La última y nos vamos
Pequeños grupos aislados a la espera del reparto de botín. No sobre la mesa, en lid de negociación, sino esperando debajo de ésta lo que cae.
Que salpiquen los rojos, básicamente.
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