Las reacciones por el discurso del diputado Rodolfo Walss Aurioles (PAN), en la instalación de la nueva Legislatura, son el caso típico del vocero fusilado, sin explicar las causas de la ejecución ni refutar el mensaje.
El lagunero verbalizó un sentimiento de legiones, sistemáticamente ignorado por las bancadas de todos los partidos, entendible en el PRI, mas no en las oposiciones: la indignación contra el “moreirato” y los efectos perniciosos de la megadeuda, al menos en 30 años, de los cuales han transcurrido
apenas 10.
En la sesión del 1 de enero, celebrada a puerta cerrada en acatamiento a las medidas sanitarias, Walls apuntó hacia el presídium, compartido por los tres paisanos suyos que, por primera vez, presiden los poderes públicos del Estado: “Aún ante el complicado entorno, no podemos dejar de lado lo que pasa en lo estrictamente local (…) se ha cumplido el tercer año del periodo del Gobernador y (…) la pandemia le ha servido como una enorme nube para ocultar la falta de logros de su Gobierno y para justificar la escasa, casi nula obra pública… no porque estemos en pandemia, sino por la simple y sencilla razón de que no hay dinero”.
Antes de que el panista ocupara la tribuna, el presidente de la Junta de Gobierno del Congreso, Eduardo Olmos, le susurró algo al gobernador Miguel Riquelme. Los diputados se trataron en el Ayuntamiento de Torreón (2009-2013), del cual Olmos fue alcalde y Walss, regidor. Por tanto, sabía lo que venía.
“En Coahuila no hay obra porque… está en quiebra técnica (…) la culpa no es suya, señor Gobernador…, (pero) tampoco puede escudarse en ella mientras no haga nada al respecto”.
Por fin un representante popular abandonaba la complicidad instalada en el Congreso desde el “moreirato”, pero en vez de reseñarse así, Walss fue arrojado a la hoguera mediática. El silencio se compensó en las redes sociales donde el mensaje circuló profusamente.
“A tres años de distancia de su toma de posesión –dijo Walls–, sigue siendo cierto que usted le debe la silla (…) a los hermanos Moreira (…) quienes impunemente saquearon a Coahuila hasta la saciedad, pero esos (…) a quienes les debe su gubernatura, hoy son también su mayor lastre”. Una de esas rémoras estaba en la bancada del PRI: Álvaro Moreira, el menor del clan.
Walls anticipó que no llegaría al Congreso para echarse en la hamaca, sino para ser oposición, algo que su partido olvidó, en algunos casos por aliarse con el PRI. El 1 de noviembre publicó un desplegado con el título “El largamente anhelado gobernador lagunero, ha sido, hasta hoy, una total decepción para La Laguna”.
Al día siguiente, el empresario Carlos Manuel Herrera Ale, también en un aviso pagado, reprobó “contundentemente las declaraciones”, difirió “completamente de su punto de vista” y anunció el despido de Walss como su abogado personal. También se deslindó de futuras
opiniones del panista.
Pues las hubo, y esta vez desde la más alta tribuna del estado. “Deberle la gubernatura a los hermanos Moreira, estoy seguro, señor Gobernador, le genera un serio conflicto de lealtad. La duda es: ¿con quién está su lealtad hoy en día? ¿Sigue estando con los hermanos Moreira o está con el pueblo de Coahuila? Porque hasta la fecha su silencio y su falta de acción en temas como la megadeuda no ha hecho más que abonar a la duda (…) el pueblo (…) sigue exigiendo y reclamando una cosa: justicia. Coahuila quiere, merece y necesita, como se dice coloquialmente, darle bote a los Moreira”.
Walss volvió a la carga el 14 de enero con un video en Facebook donde denuncia el abandono del Metrobús Laguna. El presidente Andrés Manuel López Obrador canceló el proyecto en la parte de Durango por corrupción… en Coahuila. Rubén dejó tirada la obra. Riquelme ha respetado a los Moreira, a un alto costo, pero el clan lo ha traicionado.
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