Saltillo
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Grupo Zócalo
Publicado el domingo, 4 de enero del 2026 a las 05:53
Alondra Martínez | Saltillo, Coah.- Cada tarde, cuando el sol comienza a bajar en Saltillo, un grupo de jóvenes se reúne alrededor de unas barras metálicas instaladas en la Línea Verde. No hay espejos, no hay máquinas sofisticadas ni cuotas mensuales, sólo cuerpos suspendidos en el aire, manos firmes, respiraciones agitadas y una disciplina que exige constancia.
Ahí, entre el hierro y el concreto, la calistenia se ha convertido para ellos en algo más que un simple entrenamiento: una alternativa de vida fuera de la calle.
Pero, ¿qué es la calistenia y por qué ha ganado terreno entre jóvenes de barrios populares?

La calistenia es una disciplina de entrenamiento físico basada en el uso del propio peso corporal. A diferencia del gimnasio tradicional, no requiere aparatos ni pesas: el cuerpo es la principal herramienta. Ejercicios como dominadas, lagartijas, fondos, planchas y movimientos acrobáticos ponen a prueba la fuerza, el equilibrio, la resistencia y la coordinación.
Más allá del aspecto físico, la calistenia exige concentración, constancia y autocontrol. Cada rutina implica repetir movimientos hasta perfeccionarlos, dominar la técnica y conocer los límites del cuerpo. Un error puede significar una lesión, por lo que la disciplina mental es tan importante como la fuerza.
Su práctica suele realizarse en espacios públicos como parques o áreas abiertas, lo que la convierte en una actividad accesible para cualquier persona, sin importar su condición económica. Para muchos jóvenes, representa una alternativa frente al ocio, los vicios o la violencia, al ofrecer un entorno de pertenencia, reto personal y acompañamiento colectivo.
Este proyecto inició de una manera sencilla, casi improvisada, impulsado por un proceso de superación personal de Cristian Alejandro Esquivel Salaz, un joven saltillense de 30 años que hoy divide su tiempo entre su trabajo como operador de retroexcavadora, su empleo como mesero los fines de semana y su familia. Padre de una niña de 2 años, Cristian vive en la Zona Centro de la ciudad y reconoce que su historia no siempre estuvo marcada por el equilibrio que hoy presume.
“ A mí no me gustaba hacer ejercicio; yo tomaba, andaba en el vicio. Desgraciadamente, uno a veces toca fondo y trata de cambiar día a día”, expresó.

Fue así como, impulsado por el deseo de salir del lugar en el que se encontraba, descubrió videos en internet sobre esta disciplina, con grabaciones de atletas de la Ciudad de México, Colombia y otros países que realizaban ejercicios de fuerza utilizando únicamente su propio cuerpo. Movimientos que desafiaban la gravedad, rutinas sin pesas ni aparatos, pero con una exigencia física y mental constante.
“ Cargar todo tu cuerpo sin tener nada a la mano es un entrenamiento muy bueno”, compartió.
Cristian comenzó solo, sin guía, sin entrenador y sin una estructura formal. Se lesionó y aprendió a prueba y error. Poco a poco, la disciplina de la calistenia se convirtió en una herramienta para reconstruirse.
Más adelante, al mantener la constancia de acudir a las barras del parque Espejo de la Línea Verde, más jóvenes se integraron a practicar con él.
Lo que inició como un proceso personal pronto llamó la atención de otros jóvenes. Mientras entrenaban, curiosos se acercaban, preguntaban y terminaban sumándose. Así, sin campañas ni convocatorias oficiales, comenzó a formarse un grupo que hoy reúne alrededor de 25 personas entre hombres, mujeres y niños.

Para Cristian, el trabajo con jóvenes no surgió desde una intención humanista, sino desde la competencia sana.
“ Si no hay competencia, uno no crece”, aseguró. En el intercambio diario, cada integrante busca superarse, aprender nuevos movimientos y llevar su cuerpo más lejos que el día anterior, recordando que lo más importante es dar lo mejor y que cada persona lleva su propio proceso.
La mayoría de los jóvenes que se integran provienen de colonias populares. “Vienen personas muy buenas que quieren salir adelante, a pesar de que son de barrio”, indicó Cristian, quien aclaró que no llegan bajo los efectos de drogas ni con actitudes violentas. Llegan con ganas de entrenar, de medirse y de encontrar un espacio distinto al que ofrece la calle.
En un contexto donde los conflictos entre pandillas, las adicciones y la falta de oportunidades siguen siendo una realidad para muchos jóvenes, el espacio de calistenia funciona como un punto de desconexión.
“
Este es otro espacio para que estén en lo que les gusta, medirse su fuerza, llegar hasta donde puedan y ser mejores personas”, expresó.

Uno de ellos es Lorenzo Antonio, de 18 años, boxeador aficionado y habitante de la colonia Guerrero, quien encontró en este parque algo más que un lugar para ejercitarse.

“ Yo también tuve una adicción y el ejercicio me ayudaba a distraerme, a no pensar como antes”, contó.
Antes de integrarse al grupo de calistenia, Lorenzo ya entrenaba boxeo y realizaba ejercicios básicos por su cuenta. Sin embargo, al ver entrenar a los demás en el parque, decidió unirse.
“ Yo pensaba que no servía para eso, que no iba a poder ni con el box ni con la calistenia”, recordó.
Con el paso del tiempo, su percepción comenzó a transformarse. “Fue poco a poco. Cada día decía: voy avanzando”, explicó. El entrenamiento no sólo fortaleció su cuerpo, sino también su autoestima.
“Ahorita ya me siento mejor que antes”, afirmó.
Para Lorenzo, estar en este espacio significa mantenerse lejos de los malos pasos. “Es lo que me ayuda a mantenerme lejos de lo malo”, dijo. La convivencia con personas que buscan salir adelante y se motivan entre sí ha sido clave en su proceso.
“ Juntarme con gente que realmente me quiere ver bien fue lo que me ayudó”, aseguró.
Su mirada ahora está puesta en el futuro. Sueña con crecer en el boxeo, participar en peleas profesionales y competir fuera de la ciudad. Pero sabe que el camino se construye con constancia.
Por ello, su mensaje para otros jóvenes es claro: intentar, aunque al inicio parezca imposible.
“ Pensaba que yo no iba a poder con el box, que no iba a poder con la calistenia, que no servía para eso, y me dije: de perdido inténtalo. Y de ahí dije: sí puedo, sí puedo, voy poco a poco avanzando”, aconsejó Lorenzo.

Historias como la de Lorenzo y Pedro refuerzan el sentido del proyecto. Cristian reconoce que no todos logran mantenerse, pues algunos se alejan y regresan a viejos hábitos.
“
Eso es lo más difícil: dejar los vicios”, afirmó. “Ver a un compañero caer cuando antes entrenaba al mismo nivel es una de las experiencias más duras”.
Aun así, la filosofía se mantiene firme: avanzar juntos. El ejercicio ocupa el tiempo libre después del trabajo y la familia, una o dos horas diarias que regularmente invierten en el grupo a partir de las 7 de la tarde, dando como resultado un trabajo personal y comunitario.

La calistenia, advierte Cristian, es una disciplina que exige cuidado. Cada movimiento implica riesgo si no se ejecuta correctamente.
“ Un mal ejercicio te puede lastimar inmediatamente”, señaló. Por eso, el aprendizaje es constante y progresivo. Aquí vienes a aprender todos los días”.
Mirando hacia el futuro, el grupo espera crecer mediante una difusión en redes sociales bajo el nombre de Barras Tzontemoc – Línea Verde, y recibir apoyo institucional. No sólo más barras, sino espacios adecuados y mejor equipados, similares a los parques de calistenia que existen en otras ciudades del país, que permitan ampliar el impacto entre más jóvenes.

Mientras tanto, Cristian y David mantienen abierta la invitación para todo aquel que guste integrarse. Dan clases para principiantes, sin importar la edad, el nivel socioeconómico ni el género. El objetivo es el mismo: superarse y ser mejor con sus propias manos y su propio peso.
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