Fue el pasado lunes, cuando en una céntrica calle empezó mi infortunio. Ese día, tuve la necesidad de estacionarme en uno de los cajones blancos que ahora se encuentran en todas las calles del Centro de Saltillo, esto cuando logré ubicar uno vacío, y me di a la tarea de estacionarme, sin salirme de ninguna de estas líneas. Todo lo anterior para no transgredir la nueva ocurrencia de nuestro Ayuntamiento.
En cuanto descendí de mi vehículo, un par de sujetos con chalecos fosfóricos y con la leyenda “Tu espacio” de manera inmediata tomaron fotografías a la placa del coche, para luego decirme que debía pagar el espacio, el cual evidentemente no era mío. Ante tan prematuro reclamo les pregunté cómo podría pagar, si no veía ninguna máquina tragamonedas en ningún lado cercano, respondiéndome que debía ir a una ubicada a 200 metros del lugar de los hechos.
Sin opción, me dirigí hasta esa supuesta maquina moderna, misma que recibió de inmediato mi pago, para luego preguntar mi placa, datos que di sin hacer gesto alguno para no molestar al aparato que me tenía en sus manos. Ya con la satisfacción de haber cumplido con esta nueva exigencia recaudatoria, regresé a mi vehículo solo para llevarme la desagradable sorpresa de que me habían quitado la placa como castigo por haberme tardado tanto en regresar.
Frustrado me senté en la banqueta con infracción en mano, tratando de dilucidar lo siguiente: ¿cuál era la manera correcta en que debí cubrir el pago del estacionamiento? Es decir, ¿cómo podría haber pagado en el parquímetro a la vez que me estaba estacionando, si la maquina está lejos del lugar? ¿Cómo adivinar si encontraría un cajón desocupado para pagar antes de estacionarme? Y en todo caso ¿dónde podría haberme estacionado para pagar el espacio que me encontraría después? Preguntas todas que hasta hoy no me he podido responder.
La empresa Jajomar, S.A. de C.V. se ha dedicado desde hace 27 años a la explotación de estacionamientos públicos, colocándose como empresa líder en el mercado dada su eficacia para lograr sacarle dinero a cualquier pedazo de terreno, así como a su habilidad para asociarse con municipios para la instalación de parquímetros, logrando hasta hoy pintar más de 140 mil cajones de estacionamiento en diversas ciudades en toda la República Mexicana y con ello jugosas ganancias.
La contratación que hizo el municipio de Saltillo con la empresa Jajomar, S.A. de C.V. es respaldada con el Decreto 246 del Congreso del Estado, por el que se validó el acuerdo municipal para autorizar a celebrar un Contrato de Concesión del Servicio Público de estacionamientos en la vía pública para la modernización y mantenimiento de los parquímetros del Centro Histórico en la ciudad de Saltillo, Coahuila, contrato que se firmó por un término de 10 años.
Con dicho contrato la empresa se beneficiará con lo obtenido por los parquímetros como con lo de las multas, para recuperar su inversión en muy pocos meses, según se estableció, razón por la que el Municipio necesita aplicar muchas de ellas diariamente para obtener una utilidad mensual de por lo menos 10 millones de pesos, lo que nos lleva a entender el por qué la conveniencia de que no entendamos bien su funcionamiento.
Esta vez no tenemos opciones, ya que al vernos rebasados por estas nuevas máquinas, se nos hace nugatoria hasta la opción otorgada por el pensador Mahatma Ganhdi, que sostenía la posibilidad de que cuando una ley es injusta lo correcto es desobedecerla. ¡Aquí, ni cómo!
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