Arte

Publicado el viernes, 19 de febrero del 2021 a las 04:39
“Somos los hijos de la calle, como quien dice los niños del otro patio”, define Spike, grafitero con más de 20 años en el manejo de la pintura de aerosol. Su explicación surge a raíz de la división que muchas veces se ha dibujado entre el arte académico y lo callejero, lo urbano, esas pintas que con aerosol decoran las calles, los puentes y las paredes de la ciudad.
Para ejemplificar está la polémica que se suscitó hace meses cuando el Gobierno municipal borró una araña gigantesca pintada debajo del puente que está en Periférico y Venustiano Carranza. “Unas rayas ilegales”, señala el grafitero, que “levantaron una controversia cuando las quitaron porque mucha gente sí dijo ‘a ver, es ilegal pero están bien chidas, entonces es arte, ¿de qué lado estoy’”.

Esa reflexión sobre los límites del arte académico, el estático que se mantiene guardado y muchas veces oculto en las paredes de los museos, y aquel que está a la vista de todos los que caminan por la calle es el principal motor que pone en marcha la maquinaria creativa que es el artista, miembro de la asociación Tripulaczion fundada hace 10 años, la cual se dedica a crear “no murales, porque el muralismo fue de los tiempos de Diego Rivera y Adolfo Siqueiros, lo que nosotros hacemos es grafiti y ya”.
Mejor cristal del mundo
Si bien el colectivo está conformado por personas apasionadas por el arte del aerosol, son también trabajadores que han encontrado ahí una forma de vivir, un oficio que reúne lo mejor de dos mundos: la pasión y la oportunidad de llevar dinero al bolsillo y la comida al hogar. Así, los grafiteros tienen tratos con instituciones como Aguas de Saltillo, como demuestra el depósito de almacenamiento en Colinas de San Francisco y otros ocho trabajos más, pero también han trabajado con restaurantes y casas.

Entre estos está un negocio localizado en Emilio Carranza, entre Francisco Coss y Ramón Corona, en la que Spike y su colega Aldo dan vida a los rostros inmensos de los protagonistas de la exitosa serie Breaking Bad: Walter White y Jesse Pinkman, vendedores de metanfetamina, también conocida como cristal, en el programa.
Una muestra más del ingenio del grafitero, ya que apunta que esta piezza “es un encargo de la tienda de vidrios y es un juego de palabras, porque nuestro amigo vende cristales y le pintamos a Jesse Pinkman y Walter White de Breaking Bad, ¿y quién mejor para promocionar un lugar así que los productores del mejor cristal de todo el mundo?”.
Para el artista, lo que él y Tripulaczion están haciendo es “generar un mercado que no existe. Lo que hicimos fue lo que todos: tocamos puertas y entramos en las que se abrieron. Esto no es diferente a poner una lona en un negocio, solo que es más atractivo. Un grafiti impacta y genera una expectativa. Hemos abierto un mercado que no existía y ahora vivimos de eso”, apunta.
¿Crimen o arte?
Más allá de que sea su oficio, el grafiti es su pasión. Una forma de rebelarse que ha evolucionado a una reapropiación de los espacios públicos.
Eso queda de manifiesto en los diversos murales que han hecho en plazas de colonias como la Nueva Tlaxcala, la Federico Berrueto Ramón o la Omega, estos con un mensaje antidrogas y auspiciados por el Gobierno municipal de administraciones anteriores, bajo un proyecto con el Centro de Prevención del Delito. Pero fueron también estas gubernaturas las que “declararon una guerra contra el grafiti”, recuerda el Spike, y agrega que “nosotros lo que intentamos, cuando hacemos las intervenciones en plazas y demás, es acercar a la gente y dar un mensaje de por qué los partidos políticos sí pueden poner sus marcas en las paredes y nosotros no, ¿qué los hace diferentes?”, detalla. “Queremos que la gente que vive ahí vea diferente esos lugares, que los hagan suyos y que vean esto de forma cotidiana. No es para nosotros, sino para todos”.

Y el comentario no es vacuo, pues los diseños que plasman en las paredes están llenos de técnica en el manejo de la lata de pintura y los colores. Los rostros lucen como si fueran fotografías, pero la imaginación también tiene cabida en ello. Para Spike, es necesario presentar un trabajo “con la mayor calidad posible siempre, sea que me paguen o no, porque eso hará que los otros grafiteros ilegales se exijan en la calidad de sus trabajos y lo vuelvan cotidiano, para que en algún momento la gente diga ‘ah me rayaron mi cortina, pero está bien cabrón y ahí lo voy a dejar, hasta le quiero pagar al bato’”.
Eso demostrará que el grafiti es un arte vivo y dinámico y pondrá en la boca de la sociedad la pregunta de qué tanto delinque un grafitero, y Spike ejemplifica con Banksy, grafitero anónimo inglés que, sin embargo, es también uno de los artistas contemporáneos más cotizados del mundo.
Así, la esperanza está en que, si se hace un buen trabajo el grafiti “deje de ser criminalizado y que la gente vaya aceptándolo cada vez más. Queremos cambiar de lo que siempre nos han acostumbrado”, concluyó.
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