Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Detienen en Eagle Pass a hombre buscado en Fort Worth Adiós al Profesor X: Muere el actor Patrick Stewart a los 84 años Rivers anuncia que se alejará temporalmente de redes sociales tras muerte de El Komanche Hará policía operativo especial por celebración de Halloween en Eagle Pass Condusef alerta por posible suplantación de identidad de cuatro instituciones financieras

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

¿Candidatos de izquierda? Parte final

Por Ricardo Torres

Hace 3 años

El primer debate formal en México fue el 12 de mayo de 1994. En él participaron sólo los tres candidatos con mayor intención de voto: Ernesto Zedillo (PRI), Diego Fernández de Cevallos (PAN) y Cuauhtémoc Cárdenas (PRD). El formato fue bastante rígido, lo que no permitió un intercambio de ideas entre los participantes. Fue el único debate en esa campaña electoral.

Para los izquierdistas, la realización de ese primer debate significó un gran triunfo. El estar frente a frente con el candidato del régimen gobernante, en televisión abierta y en horario estelar, era suficiente para que el candidato de izquierda diera a los mexicanos una verdadera cátedra de lo que su ideología buscaba. Con un buen discurso y claras propuestas, el de la izquierda lograba sembrar la semilla de esperanza en los corazones del pueblo.

Para los candidatos representantes de aquella corriente progresista la verdad era su principal arma de convencimiento, era imposible no creerles, ya que sus señalamientos eran verdaderamente evidentes, lo que no admitía réplica del contrario. Cada palabra de aquellos discursos lograba que muchos mexicanos cambiaran su espíritu de aletargamiento, por el de la lucha social que buscaba justicia e igualdad.

Es quizá por todo lo anterior que para quien esto escribe, el presenciar los últimos debates realizados en nuestro estado, en los cuales los candidatos que se suponen representan el progresismo y la izquierda, desperdician a discreción la oportunidad de exponer las verdaderas bases y causas de tan apreciada ideología, para convertirse en el peor ejemplo de aspirante a cualquier cargo político, me provoca una profunda tristeza.

Ataques redundantes, reclamos sin sentido, señalamientos excesivos e inútiles, propuestas irreales, ideas descabelladas, datos falsos y hasta bromas y chistes de muy pésimo gusto, es lo que los candidatos coahuilenses, que se dicen de la izquierda progresista, hacen en lo que debiera ser su mejor oportunidad para dar al pueblo una cátedra de lo que significa el progresismo y sus bondades, el que evidentemente ni conocen.

El progresismo tiene características específicas, que reflejan claramente lo que defiende y persigue y que nada tiene que ver con las conductas y las propuestas de estos despistados candidatos. La ideología progresista busca que la empresa privada conviva con el ente público. Dejando así parte de la producción económica en manos de particulares, y otra parte en manos del Estado. En el progresismo es el Estado el que debe de encargarse de una redistribución, paliando así las desigualdades generadas por el mercado.

La igualdad en el progresismo es el valor supremo, todas las políticas estatales han de ir en búsqueda de la igualdad de la población, en lo económico y lo social; la justicia social se traduce en vivienda, educación y salud pública dignas. Situando la libertad como un valor secundario. El progresismo defiende la democracia como forma de gobierno y la existencia de pluralismo político.

Como es de verse, ninguno de estos postulados de la izquierda progresista han sido abordados, ni por error, por estos sus supuestos candidatos, ni en debates, ni en campañas, convirtiéndolos con esto, en unos simples postulantes al cargo de Gobernador sin ideología definida, pero dejando al descubierto que la izquierda coahuilense en esta elección no participa.

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 9 horas

Circo en Reforma

Hace 9 horas

El negocio detrás de los altares

Hace 10 horas

La ‘santa’ solución de la Presidenta