Saltillo

Publicado el viernes, 27 de marzo del 2026 a las 04:30
Saltillo, Coah.- Cada día, Carlos Valdés despierta con una incertidumbre que pesa más que cualquier combate: no saber cuánto tiempo más podrá ver.
Conocido en el tatami como “Prieto Samurai”, el artista marcial saltillense enfrenta una batalla silenciosa y devastadora: la retinitis pigmentosa que le ha ido arrebatando, poco a poco, los colores, las formas, los rostros… la vida misma.
Hoy, su mundo se reduce a un estrecho túnel de apenas 20 grados de visión.
“
Es como mirar por un pequeño hueco… y saber que ese hueco también puede cerrarse”, describe.

Una vida que no se rinde
Desde los 16 años, Carlos encontró en las artes marciales una razón para levantarse todos los días. Comenzó con muay thai, pero tuvo que renunciar a los golpes cuando su vista comenzó a deteriorarse.
Lejos de rendirse, se aferró al jiu-jitsu brasileño, donde aprendió a “ver” con el tacto, a escuchar con el cuerpo y a anticipar cada movimiento con el corazón.
Hoy es cinturón morado, ha subido a podios nacionales y se ha coronado campeón en torneos como King of the Mat. Pero su mayor logro no está en las medallas, sino en no haberse detenido.
“
Hay días en los que me siento invencible… y otros en los que me derrumbo. Pero siempre me levanto”, confiesa.
Se le acaba el tiempo
Detrás del atleta hay un hombre que ha tenido que aprender a despedirse poco a poco de su propia visión.
La retinitis pigmentosa no duele… pero arranca la luz sin prisa. Primero borra lo que está alrededor, luego encierra la mirada, hasta dejar únicamente oscuridad.
Carlos lo sabe, los médicos también, pero el tiempo no está de su lado.

Lucha altruista
A pesar de su propia lucha, Carlos no ha dejado de pensar en los demás.
De manera altruista, enseña defensa personal a personas con discapacidad visual, compartiendo lo que él mismo ha aprendido: que la vida no se termina cuando se pierde la vista… sino cuando se pierde la voluntad.
“
Quiero seguir enseñando, creando, luchando… quiero seguir viendo”, expresa.
Carlos no pide compasión. Pide una oportunidad. La oportunidad de seguir siendo atleta, de seguir siendo artista, de seguir viendo a su familia. De no quedarse, definitivamente, en la oscuridad
Una esperanza, un milagro
Hoy existe una posibilidad: un tratamiento experimental en Pensilvania que podría detener e incluso mejorar su condición. Pero el costo es inalcanzable: 40 mil dólares, lo que representa más de medio millón de pesos.
Por ello, con más fe que certezas, Carlos y su familia iniciaron una campaña en GoFundMe. En una semana han reunido cerca de mil dólares.
Un 1% que, para muchos, puede parecer poco, pero para él significa esperanza.
“
Es un paso pequeño, pero es un paso gigante para mi vida”, dice.
¿Cómo ayudar?
La campaña está activa en GoFundMe bajo el nombre “Que la oscuridad no gane: ayúdame a salvar mi visión”. Cada aportación es, literalmente, un poco de luz para Carlos.
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