La equidad histórica de género relegó a un segundo plano el centenario de la muerte de don Venustiano Carranza, el cual habrá de cumplirse el mes de mayo. Cuando todo apuntaba, e incluso se había propuesto, dedicar la conmemoración anual a la desaparición del único Presidente de México asesinado mientras estaba en funciones, el Periódico Oficial de la Federación publicó un decreto declarando al recién arrancado 2020 “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”.
Sin regatear méritos a doña Leona Vicario, heroína de la Independencia y esposa de don Andrés Quintana Roo, era de esperarse que el Gobierno central decidiera honrar a don Venustiano. Más, cuando el año anterior se dedicó a otro revolucionario, Emiliano Zapata, quien también cumplió un siglo de haber dejado este mundo.
A modo de cuña metida a última hora, instancias oficiales del Gobierno federal encajaron en los últimos meses del pasado año otra conmemoración luctuosa centenaria, la del general Felipe Ángeles. Coincidentemente, los dos, Zapata y Ángeles, murieron durante la presidencia de don Venustiano. Como se sabe, Zapata, santón de la 4T, fue asesinado tras caer en una trampa en la hacienda de Chinameca, Morelos, y Ángeles murió fusilado después de capitanear un fracasado movimiento armado contra el Gobierno de Carranza.
¿Por qué preferir a Leona Vicario en lugar de nuestro coterráneo de Cuatro Ciénegas? ¿Pesaría realmente la equidad de género, o se consideró a don Venustiano un personaje histórico ‘fifí’ incompatible con la posición ideológica de la 4T? ¿Acaso se le negó el honor por haber sido indirectamente responsable de la muerte de dos revolucionarios más identificados con esa entelequia tan manoseada que llaman pueblo?
Si la razón fueron las muertes de Zapata y Ángeles, estamos ante una soberana tontería. Hace algunos meses, en la capital del país, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, para ser preciso, tuve la oportunidad de hablar del movimiento Constitucionalista encabezado por don Venustiano.
En esa ocasión recordé que en su calidad de jefe del Ejecutivo federal, Carranza tenía entre sus obligaciones la prioritaria de pacificar al país, y tanto Zapata como Ángeles estaban en pie de guerra contra su Gobierno legalmente constituido.
Además, como es bien sabido, ejercer el poder desgasta. Zapata lo tuvo en el estado de Morelos y algunas de sus decisiones resultan muy cuestionables. Ángeles fue un brillante militar, pero nunca gobernó ni siquiera un municipio.
Por otra parte, el de Cuatro Ciénegas tenía bien aprendida la lección de Madero, cuyo funesto final se inició con la Decena Trágica detonada por dos enemigos de su Gobierno, Bernardo Reyes y Félix Díaz, a quienes don Panchito les perdonó la vida.
Sin desdoro de la memoria de doña Leona Vicario, cuyo nombre llevó un tiempo la ciudad de Saltillo, este desdén federal al máximo héroe coahuilense, constructor del México moderno, debe ser un acicate para que en nuestro estado se conmemore de la manera más digna posible el centenario de la desaparición de un hombre al que México le debe, entre otras cosas, ni más ni menos que su Constitución.
Letras sueltas
Al declararse el 2020 como “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”, se completó la familia de la Nación, hasta hace poco monoparental, pues solo tenía padre, don Miguel Hidalgo y Costilla. Ahora ya tiene mamá, doña Leona Vicario. ¡Felicidades México Hidalgo Vicario!
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