Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el miércoles, 14 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Casi seis meses en el Centro de Readaptación Social para varones apenas le han servido para hacer un par de reflexiones y metas a corto plazo, que deberá poner en práctica en caso de que obtenga su libertad por medio de una fianza, con la intención de no regresar jamás a ese lugar.
A sus 19 años, Manuel Mireles Lumbreras no podido visualizar un objetivo claro para su futuro y, en su propia voz, parece que por lo pronto no tiene el mínimo interés en encontrarlo. Desde la adolescencia ha vivido con pocas reglas, aunque éstas no le han favorecido para hacerse responsable de sí mismo ni encontrar un oficio honrado.
Nunca le robó el sueño las situaciones en las que se desenvolvía. Entre pequeños empleos temporales, su estabilidad económica nunca llegó, probablemente por la libertad en responsabilidades que sentía, huyendo de las riendas de sus padres y evitando a toda costa los compromisos con sus eventuales novias.
A Manuel no le gusta cumplir con sus obligaciones, pero si se trata de quedar bien entre sus compañeros de cuadra, en la colonia Bellavista, la situación es distinta, pues el tiempo y las ganas de reunirse con ellos son más poderosos que su propio bienestar.
Incluso, esto vino a perjudicar su salud, acompañado por largas horas de desvelo y una buena dosis de alcohol, que se hacía más efectiva en compañía de sus amistades. “Ese día andaba crudillo y no sabía ni en lo que estaba pensando”, es la justificación de Manuel cuando se le pregunta por su estancia en el centro penitenciario local.
“Es que eso de las crudas se pone cabrón para algunos, y ya no teníamos lana para otras ‘vielas’. Ya me estaba yendo para mi casa cuando pasé por enfrente de un cantón y vi unos alambres de cobre colgados en la protección de una ventana, y como vi que no había nadie, pues me los llevé”, dice el que fuera detenido por la policía a los pocos minutos.
“El dueño me acusó de robo a casa habitación, pero yo ni siquiera me metí a la casa ni nada, nomás me trajeron porque se me ocurrió llevarme los alambres, pero así como me los llevé yo, se los pudo haber llevado cualquier malandro que hubiera pasado, y me tuvo que tocar a mí”, se lamenta el acusado.
Desde entonces se encuentra cumpliendo una sentencia de 5 años por el delito de robo, “apenas llevo 5 meses, pero no me quiero quedar todo el tiempo. Creo que ya fue suficiente por lo pronto, porque esto de la cárcel sí está difícil, porque nadie te viene a ver y a veces no tienes ni para un refresco si no te pones a trabajar”.
Y es que los 200 pesos que obtiene semanalmente no le alcanzan. Si su situación tiene resultados favorables, Manuel podría alcanzar su libertad con una fianza superior a los 3 mil pesos, por lo que piensa acelerar su ritmo de trabajo en el taller de carpintería, “los parientes o la gente que me visita me trae el material, y yo la aprovecho para mandarles cuadros ya terminados, que ellos pueden vender hasta en 300 varos.
“Mis jefes ya se andan moviendo para sacarme, y ahora sí prometo que me voy a cuidar bien y me voy a poner a trabajar en algún lado. En la maquila o de albañil, o en donde sea, para tener un jale bueno y que no ande queriendo sacar dinero de donde no lo hay, como con el alambre de cobre”.
dros de madera no le son suficientes, “se trata de ponerte a chambear duro para que salga una buena lana y la mera verdad, yo no le había puesto tantas ganas, pero ahora con el Año Nuevo, creo que ya me tengo que poner las pilas”.
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