Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el martes, 29 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.-El deseo de estrenar un aparato de sonido lo llevaron a una sentencia de 6 años de cárcel, aunque desde su traslado al Centro de Readaptación Social de Saltillo, no ha podido ayudar en la manutención de su familia, pues el empleo que ahí tiene no es lo que “merece”.
Esa es la opinión de Marco Antonio Mendoza, quien fue procesado hace 4 años en Monclova por robo agravado a casa habitación, cuando fue sorprendido después de robarse un aparato modular y varios objetos de una vivienda. Hoy se encuentra internado en el centro penitenciario de Saltillo, en donde está por cumplir un año.
Según explica, fue trasladado desde la ciudad del acero por problemas de sobrecupo del Cereso, “fue solamente de ganas, yo no soy de esos que roban por robar, pero pues ese día se me hizo fácil”, comenta Marco Antonio, quien tenía su negocio de carpintería, en donde fabricaba muebles de todos los estilos.
También estuvo contratado durante un par de años en AHMSA, en donde laboraba para el área de soldadura, oficio que aprendió en la práctica por medio de su padre, ayudado también por los conocimientos que obtuvo mientras cursaba la secundaria.
“Ya pienso cambiar de vida, antes pensaba que el mundo era mío y que nunca me iba a pasar nada, andaba todo loco nomás pensando en mi beneficio personal, pero estos años en el penal me han servido mucho para valorar las cosas”, comenta.
Y es que en Monclova lo están esperando con ansias. Tanto su esposa como sus dos hijos aguardan pacientes la llegada de agosto, fecha tentativa en la que Marco Antonio obtendrá el beneficio de preliberación, marcando un parteaguas en su vida.
Cuando hace un recuento de los cuatro años en el penal, pone énfasis en la familia y en las responsabilidades que conlleva su manutención, “mis hijos son lo más importante y creo que ya se acabó el tiempo en el que vivía para mí, porque ahora tengo gente que me necesita y dependen de mi buen ejemplo”.
Es por ello que reclama un mejor empleo que le sirva para obtener mayores oportunidades económicas. Marco Antonio dice que en el penal de Monclova podía fabricar un juego completo de comedor en una quincena y al menos 3 cuadros de pared, de 120 x 90 centímetros en una semana.
Su familia se encargaba de vender ese material, pues lo visitaban cada miércoles y domingo, “nos llevábamos al menos unos mil pesos por semana, cuando nos iba mal”.
Los últimos días en el penal parecen largos, pero Marco Antonio prefiere conservar la calma pues nadie le ha notificado que estará en la lista de beneficiados del próximo mes. Lo único cierto, es que mientras esa posibilidad se hace grande, ha empezado a realizar planes.
Su esposa, por ejemplo, ya tiene algunos contactos para que Marco Antonio pueda encontrar empleo lo antes posible, “tenemos uno que otro conocido, a lo mejor pueda regresar a AHMSA o no sé, lo que sea es bueno, en lo que me logro acomodar otra vez”.
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