Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el jueves, 11 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo.- Son muchos los problemas en los que se ha visto involucrado en los últimos meses, por lo que desea guardar su identidad para evitar ser reconocido y que, incluso, sus hijos se sientan incómodos cuando vean su retrato en las páginas de este diario.
Llegó al penal hace dos meses y, desde entonces, Juan se ha dedicado a las labores de artesanía a base de madera en el taller especial de carpintería, con el fin de despejar su mente y olvidar el coraje que lo ha corroído durante estos días.
Según comenta, su familia política les hizo una jugarreta que ha desintegrado temporalmente a su familia, manteniéndolo a él en esa prisión, mientras que su esposa es investigada también en el Cereso femenil, acusados por delitos menores de los que se dicen inocentes.
De acuerdo con Juan, los problemas iniciaron el año pasado entre él y sus cuñados, convirtiéndose después en diferencias de gran magnitud que los llevaron a enfrentarse verbalmente en múltiples ocasiones, hasta que fueron acusados por robo.
“Fueron ellos mismos los que metieron sus cosas a la casa. Tenían un lavabo y algunos muebles que fueron a dejar a la casa, para después denunciarnos a la policía por supuesto robo”, comenta.
El coraje aún no se le pasa y reconoce que la situación económica actual no les ha favorecido, “todas las cosas han subido y toda la situación está de la fregada porque ya no alcanza para nada. Lo malo es que uno pierde todos sus derechos aquí, y ya ni siquiera puede uno trabajar en algo digno, que te deje mucha lana”.
Y es que Juan ya tenía dos años trabajando en un molino de piedra, donde fabricaban asfalto que después se utiliza en la pavimentación de calles o carreteras. “No era el mejor trabajo pero sí tenía algo seguro. Yo era el supervisor del área y mal que bien sacábamos para la comida diaria y para la escuela de los chavos”.
Para Juan es muy importante que sus hijos de 14 y 15 años continúen sus estudios de secundaria y por lo menos terminen una carrera técnica para que puedan mejorar la calidad de vida que llevan ahora, “por eso no quiero que se salgan de la escuela por más dura que esté la crisis. Primero que terminen la escuela y luego ya veremos cómo nos va”.
Mientras él y su esposa permanecen en los centros penitenciarios, sus hijos viven con su abuela materna a la espera de buenas noticias por parte de las autoridades, “la única que me viene a visitar es mi madre, porque no quiero que mis hijos se estén desgastando en venir a verme, yo me conformo con hablarles por teléfono cada semana”.
En una pausa de silencio, parece conformarse en el trabajo que mantiene en el centro penitenciario, con la esperanza de obtener su libertad dentro de unos meses más.
“Los únicos que nos podemos apoyar somos nosotros, porque ya vimos que no contamos ni con la otra parte de nuestra propia familia”, son las conclusiones a las que ha llegado Juan.
EN BREVE
» Juan y su esposa están involucrados en el delito de robo
» Según Juan, su familia política los acusó sin ningún fundamento
» Le faltan algunos meses para que se resuelva su situación jurídica
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