Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el miércoles, 30 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Sus dos hijas marcarían un cambio en la vida de drogadicción y delincuencia que Christian admite haber llevado durante su adolescencia, sin embargo, nunca imaginó que podrían ser ellas las que pagarían las malicias de su juventud.
Y es que Christian Guadalupe González Martínez padece una hepatitis tipo C que le fue diagnosticada a principios de 2007, cuando ingresó al Centro Estatal de Readaptación Social Varonil, pero que ya acarreaba desde varios meses atrás.
“Me metía de todo, pero esa vez me inyecté con una jeringa que andaba entre el agua sucia, y por eso me enfermé”, comenta que a sus 23 años, dice haber probado casi todos los tipos de drogas, desde el tabaco hasta la heroína.
Sus hijas, Blanca Margarita de 3 años y Zayda Azucena, de 6 meses de edad, se han convertido en lo más importante de su vida, aunque teme que de alguna manera, hayan podido contraer la enfermedad que lo aqueja.
Christian dice haber dejado el vicio desde el nacimiento de su primer hija, pero reconoce que en algunas ocasiones se daba un pequeño gusto, “como aperitivo”, con sustancias que su misma esposa le tenía prohibidas.
No pudo estar en el nacimiento de Zayda y ese es uno de los pesares que más le que han quitado la tranquilidad, pero no tanto como el que a su corta edad, la pequeña haya podido heredar algún virus, o que incluso su esposa también esté infectada.
Aunque los estudios médicos indican lo contrario, Christian mantiene la preocupación, a sabiendas de que él mantuvo la enfermedad durante casi seis meses sin haberlo notado, “no me hubiera dado cuenta si no es porque aquí en el penal me hicieron los análisis”, explica mientras hace una pausa en su conversación para dirigirse al centro médico.
A su regreso, trae en sus manos la caja del medicamento Bedoyecta Tri, la cual le es suministrada cada seis meses con el fin de combatir los síntomas de la hepatitis, “no sé cuánto cueste en las farmacias, pero aquí nos las regalan, es parte de lo bueno de estar aquí”.
Espera que su sentencia no sea tan larga y por eso empieza a formarse planes para mantener a su familia. Para Christian, el haber ingresado a una vivienda particular para sustraer objetos de valor, no es un delito tan grave, “estoy arrepentido por haber robado y por eso ya me quiero ir con mis hijas”.
Infancia de maltrato
La imagen de Zayda Y Blanca Margarita le hace pensar que debe ser un buen padre, pues no quiere que sufran en medio de una infancia infeliz, como la que él tuvo que pasar después de la muerte de su padre.
Se inició en el vicio desde los 12 años, cuando inhalaba thiner, pegamentos o pinturas de aceite, “es que mis abuelos eran de esas personas antiguas que no aceptaban ningún error. Eran muy estrictos y pues yo no les obedecía siempre”.
Admite que fue un niño desordenado y que nunca fue muy bueno para la escuela, razón por la que sus abuelos lo golpeaban cada que recibían alguna queja o la boleta de calificaciones. Únicamente terminó hasta quinto de primaria, para después dedicarse “a la vagancia con los ‘Punk’”, en la colonia González.
“La banda de los ‘Punk’ sigue haciendo de las suyas, pero ya son los de la nueva generación, uno ya es de los veteranos, ya no tiene tanto poder como antes”, comenta Christian, quien evitó decir su apodo entre el grupo de amigos.
Gira un poco su cabeza y se despide, es su turno de pasar a la revisión de peso y talla, “deje voy a ver de qué más estoy enfermo, espero que de nada”.
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