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| "Todo lo que quería me compraban mis papás, nunca me pegaron, sí me regañaban porque era bárbara, pero nunca sufrí maltrato, a mi hermana, aunque no de sangre, también la adoptaron y también la quisieron mucho". Hermilda Nieves Urquieta Ortíz.

Monclova Región Centro

Celebra Doña ‘Milda’ sus 104 años de edad

  Por Rosa Blanca Cuellar

Publicado el domingo, 15 de marzo del 2026 a las 04:00


Sentada en el sillón de la sala, con una memoria tan lúcida que recuerda toda su niñez, revela las decisiones más importantes que tomó en su vida

Frontera, Coah.- A los 104 años de edad, doña “Milda” como la llaman de cariño, sólo le pide a Dios dos cosas: seguir con buena salud y que “Diosito no me recoja, que me deje en este mundo otro ratito” para seguir viendo, cuidando y amando a los más pequeños de la familia, sus bisnietos y tataranietos, que se han convertido en su gran motivación y alegría.

Mujer de carácter fuerte, de una sola pieza, que a lo largo de su vida, tomó decisiones, de las que nadie la hizo cambiar de opinión.

Hermilda Nieves Urquieta Ortiz, fue registrada cuando tenía 12 años de edad, por lo que según su documentación oficial tendría 96 años de edad, pero biológicamente su edad es de 104 años de edad.

Viejos recuerdos

Aunque fue adoptada por Nicolás Urquieta y Leopolda Ortiz, ella misma platica con gran coherencia aquellos viejos recuerdos que al paso de los años permanecen en su memoria, relata que fue muy querida por sus padres.

“Todo lo que quería me compraban mis papás, nunca me pegaron, sí me regañaban porque era bárbara, pero nunca sufrí maltrato, a mi hermana, aunque no de sangre, también la adoptaron y también la quisieron mucho”, dice mientras permanece sentada en un sillón, cruza su pierna y sus ojos brillan cuando su memoria se remonta a los años de niñez, cuyos recuerdos siguen firmes.

Arraigo a su tierra

Doña ‘Milda’ nació en Ciudad Frontera, donde vive hasta la fecha y dice que es feliz con la vida que Dios le ha regalado a sus casi 105 años de edad, los cumple en el mes de agosto.

Cuando tenía 22 años de edad, el amor llamó a su corazón y se casó con Gonzalo Montellanos, y con él procreó a Norma Alicia, su única hija, enfermera de profesión y quien la cuida.

Al año y medio de casada, tomó la primera decisión drástica en su vida, dejar al padre de su hija y aunque cuentan los testigos que le “rogó” mucho para volver, no hubo poder humano que la hiciera cambiar de opinión, desde ahí demostró que está hecha de una pieza y que por difíciles que serían las consecuencias, decidió enfrentarlas sola con su hija.

Recuerdo que no olvida

Hoy a estas alturas de la vida, no olvida su decepción amorosa y cuando se le pregunta por qué se separó, dice con firmeza: Porque él quería andar con una y con otra y esboza una leve sonrisa, como si por un momento su pensamiento se remontara hasta sus años de recién casada.

Mientras concedió la entrevista en la sala de su casa, doña ‘Milda’ es expresiva con sus manos, unas manos que se ven cansadas y maltratadas por el paso de los años, pero también son claro reflejo de un intenso trabajo rutinario, como era en aquellos tiempos, donde el metate, el tallador, el fogón, la plancha a base de carbón, los botes de agua extraídos de la noria, eran las herramientas de un trabajo diario en casa.

Ya se casó, ya se fregó

Con una memoria tan lúcida que recuerda cada detalle de su infancia, dice con cierto aire de resignación y melancolía: Mis padres me dijeron, ya se casó, ya se fregó, a trabajar en la casa y cuidar a los niños, porque ella se dedicó también a cuidar a tres sobrinos, que ya fallecieron.

Doña ‘Milda’ es la única que queda viva de toda su descendencia y dice: “Yo soy muy feliz, pero ya todos en mi familia se acabaron”, y sus ojos brillan mientras recuerda a cada uno de sus seres queridos.

Emocionada y riendo, dice “Bendito sea Dios que no tengo ninguna enfermedad, ni diabetes, ni hipertensión nada, de repente no escucho bien pero veo a todos”, mientras camina de un lado a otro de su casa por sus propios medios, no usa bastón, ni andadera, sola atiende sus necesidades.

Hermosa descendencia

Hoy doña ‘Milda’ tiene una hija, cinco nietos, 10 bisnietos y cuatro tataranietos que cada día le demuestran su amor y como ella misma dice con tal claridad: “Ellos nunca se olvidan de mí, me ayudan, me quieren, yo no quiero morirme, tengo mucho miedo a la muerte porque mis niños están muy chiquitos, quiero seguirlos viendo y cuidando, que Diosito no me recoja, eso le pido”.

Justo en ese momento pasaba frente a ella su bisnieta y su tataranieto, les dio la bendición y les dice que los espera de vuelta, esa es la vida de doña ‘Milda’ y quiere seguir dando mucho amor a sus niños.

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