Monclova
Publicado el jueves, 2 de julio del 2026 a las 04:06
Monclova, Coah.- El brindar consuelo y paz a una gran cantidad de personas, es lo que el padre Héctor Raciel de León López ha disfrutado tras llegar al jubileo de plata, durante su vida al servicio de Dios, pues aseguró que su vocación ha sido poder servir a la comunidad y acompañar a las personas en los momentos más importantes de sus vidas.
Mencionó que cuando tenía apenas 13 años y cursaba el segundo grado de secundaria, decidió ingresar al Seminario, donde se dio cuenta de que él quería ser sacerdote, pues siempre había estado en grupos de la Iglesia y le gustaba mucho el ambiente que se generaba.
“Fui invitado al preseminario y fue como amor a primera vista, de ahí regresé a mi casa con la decisión de ingresar al seminario y desde el principio recibí el apoyo de mi párroco, el padre Héctor Jorge García, quien creyó en mi vocación y me acompañó durante todo el proceso, así como de mi familia”, señaló.
El sacerdote explicó que el respaldo de sus padres fue fundamental, ya que, pese a su corta edad, siempre respetaron y apoyaron la decisión de seguir el llamado de Dios y por ello pudo vencer uno de los primeros desafíos, que fue separarse de su familia y adaptarse a una nueva forma de vida dentro del Seminario.
“El desprenderme de mi familia fue el primer gran reto, después vino el proceso de madurar y confirmar que realmente este era el camino que Dios tenía para mí, pues sí entran en ocasiones dudas, sobre todo al final cuando ya vas a ordenarte, pero cuando esta es tu vocación, lo superas con gran facilidad”, comentó.
El ahora párroco del Santuario de Guadalupe dijo que su formación sacerdotal duró 13 años, por lo que terminó el seminario a los 25 años y fue ordenado sacerdote a los 26, convirtiéndose en el primer sacerdote de su familia.
El padre Héctor Raciel señala que, después de un cuarto de siglo de ministerio, lo que más satisfacción le produce es servir a las personas, brindar el consuelo y paz a una gran cantidad de personas, pues ha descubierto una gran hambre de Dios en las personas y, a través de los sacramentos y del ministerio.
Destacó que a lo largo de estos 25 años ha desempeñado distintas responsabilidades dentro de la Iglesia, ya que primero fue promotor vocacional diocesano, maestro y director espiritual del Seminario, para después ejercer su ministerio en diversas parroquias, entre ellas Cuatro Ciénegas, donde permaneció ocho años, y ahora el Santuario de Guadalupe.
Consideró que cada cambio ha fortalecido una virtud indispensable para el sacerdote, que es la obediencia, pues los cambios cuestan, pero también ayudan a descubrir que Dios los conduce por donde él quiere.
El párroco destacó que él es monclovense y estudió en la Escuela Secundaria número 1 y vivió cerca del Santuario, por lo que volver a este lugar representa una enorme alegría, pero también un gran compromiso.
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