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Agencias
Publicado el domingo, 24 de abril del 2016 a las 14:05
Chernobyl, Ucrania.- Hace exactamente 30 años, el fuego de la catástrofe de Chernobyl quemó el suelo de Ucrania, entrando en la historia como el mayor accidente de origen tecnogénico del siglo 20.
Como resultado de la explosión del reactor 4 de la Central Nuclear de Chernobyl en la madrugada de aquel fatídico 26 de abril de 1986 y del escape de una enorme cantidad de sustancias radiactivas a la atmósfera, solamente en Ucrania fueron contaminadas con radiación cerca de 3 mil localidades situadas en 12 de las 25 provincias del país.
El desastre de Chernobyl, además de provocar numerosas víctimas directas entre los bomberos, soldados y policías que recibieron dosis letales de radiación al apagar el incendio y tratar de “sellar” el reactor destruido, afectó las vidas de millones de personas, de las cuales más de 200 mil tuvieron que ser evacuadas de los territorios contaminados de Ucrania, Belarrusia y Rusia.
VÍCTIMAS, SIN AYUDA
“Nos abandonaron. No hay más doctores, ni hospitales. Y pronto no habrá más medicamentos”. Con 70 años, Anna Vendarenko se preocupa por el recorte del Estado ruso de ayudas a las víctimas de las radiaciones, 30 años después del accidente de Chernobyl.
Hasta ahora considerado “zona prohibida”, su pueblo, Starye Bobovichi, que los habitantes se negaron a evacuar, vio su nivel de radiactividad reducirse por decreto presidencial.
Como consecuencia de este cambio de nivel, la ayuda financiera del Estado, que consiste en subvenciones para los gastos médicos, las curas en sanatorios para los niños o incluso los programas socio-económicos, disminuirá de forma drástica.
Sin embargo, el nivel de radiactividad de la zona sólo se redujo levemente desde la explosión de la central nuclear de Chernobyl, el 26 de abril de 1986, asegura Alexei Kiselev y Rachid Alimov, especialistas de la radiactividad de la ONG Greenpeace.
Equipados con un aparato para medir el nivel de partículas radiactivas, calculan los niveles en la plaza principal del pueblo. “1.7 microsieverts por hora (mkSv/h)… Es más de 30 veces la dosis máxima recomendada”, advierte Rachid. “Será mejor no demorarse. Pensar que hay gente que vive aquí”, se apena Alexei.
En total, de las 4 mil 413 localidades rusas afectadas por las repercusiones de Chernobyl, 383 verán sus subvenciones recortadas como las de Starye Bobovitchi. Otras 558 serán simplemente suprimidas de la lista.
“Con este decreto, el Estado rechaza reconocer que se necesitan 2 mil años y no 30 para descontaminar una zona”, denuncia Anton Korsakov, biólogo y especialista de las consecuencias de Chernobyl en la región de Briansk.
“Incluso si conseguimos descontaminarla, serán necesarias varias generaciones antes de que los niños nazcan sanos”, destaca, recordando que el índice de mortalidad infantil en la región es cinco veces superior a la media nacional.
Y cuando sobreviven, 80% de los niños desarrollan una o varias enfermedades crónicas, según las estadísticas oficiales, citadas por el especialista.
¿IRSE DE LA REGIÓN?
En Novozybkov, ciudad a 180 km de Chernobyl cuyos 30 mil habitantes no fueron nunca evacuados como estaba previsto, los pasillos del hospital están llenos de niños y ancianos que esperan durante varias horas.
Viktor Janaiev, cirujano, estima que un tercio de sus pacientes vienen por enfermedades causadas o empeoradas por las radiaciones.
“Muchos no pueden cuidarse: teniendo en cuenta que los medicamentos subvencionados no son los más eficaces, se tienen que comprar otros que son más caros”, explica. El salario mínimo ruso es de 6 mil 204 rublos (81 euros).
A partir de julio, las ayudas económicas se reducirán: Novozybkov pasará de “zona para evacuar” a “zona habitable”.
“Es una mala noticia”, se lamenta Janaiev. “La gente va a tener que pagar sus medicamentos, hasta ahora gratuitos. Y los niños no podrán ir al sanatorio en verano”, precisa, recordando que irse en verano, cuando las radiaciones son más fuertes, es una necesidad.
Aleksander, su paciente, lo confirma: “¿Tengo buena salud? Depende: cuando estoy en otra región, estoy perfectamente. Aquí, cada día, noto las radiaciones”, cuenta. Padre de una niña, a este hombre de unos 30 años le gustaría “irse de la región”. “Pero, ¿con qué dinero? Nadie nos ayuda”, dice con tristeza.

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