Hablar de China es siempre interesante por los misterios y halos de magia que rodean su milenaria cultura, sobre todo para los interesados en historia económica nativos o afincados de Occidente. Su hermetismo y autarquía durante siglos han contribuido a reflejar esa imagen mítica ante el mundo. Desde la perspectiva política, llama la atención el control de más de mil 300 millones de chinos, que ha sido muy efectivo, a pesar de que todavía una parte de la población rural continúa viviendo en pobreza.
El sistema de vigilancia demográfico discreto y soportable, acompañado de políticas económicas oportunas de empleo, ha evitado una revuelta o revolución que se oponga al régimen totalitario que prevalece desde hace varias décadas. Los actos represivos del Gobierno contra el pueblo, si acaso se han dado, son poco conocidos en el mundo capitalista. Salvo, por ejemplo, los de la plaza Tiananmen, en Pekín, donde en 1989 fueron masacrados por las fuerzas policiacas estudiantes rebeldes al régimen.
De acuerdo con las opiniones de politólogos chinos afines al régimen, y de funcionarios del propio Gobierno, la historia moderna económica de China la dividen en tres períodos: 1). La Revolución Cultural, liderada por Mao Zedong (1949-1959), en donde la propiedad privada desaparece y se sustituye por la del Estado; la economía depende totalmente de las decisiones y acciones del Gobierno. A través del socialismo se trata de sacar de la pobreza a millones de chinos, particularmente a la población rural. Es conveniente comentar que la influencia política de Mao prevalecía aun después de dejar oficialmente la presidencia del país.
2). La apertura económica ante el resto del mundo. No cabe duda de que el orquestador del gran cambio económico fue Deng Xiaoping (el poder tras el trono), quien, dándose cuenta del agotamiento que presentaba el modelo económico sustentado en la producción agrícola, guió a la industrialización de la economía, permitiendo la llegada de capitales del extranjero para invertir en la creación de empresas automotrices, de autopartes y de otras ramas de la economía.
3). Consolidación de la economía. Se le atribuye al actual presidente, Xi Jinping (2013 – ), crecimientos sostenidos del PIB, y se le vislumbra una larga estancia en el poder, de tal forma que, probablemente, continúe con las reformas en el sector energético, dando un uso intensivo a las energías limpias.
El factor demográfico. El crecimiento de la población china, por cierto el país más poblado del mundo, desde mi punto de vista no se consideraba en forma completa en los planes de desarrollo de largo plazo, aunque era previsible, siguiendo las tendencias demográficas, controlar el crecimiento de la población mediante políticas restrictivas, que en un país democrático no sería posible su implementación. En 1979, por orden gubernamental, las parejas chinas solamente podían procrear un solo hijo. Pero esa medida no consideraba la influencia que tendría el capitalismo, al abrirse al mundo, en la mentalidad de la población, especialmente en la gente en edad reproductiva, pues el concepto de bienestar personal y familiar, así como el de competencia que se tenía con tradición milenaria empezaba a desdibujarse con los cambios en la economía.
La mujer china comenzó a anteponer su desarrollo personal sobre el número de hijos y el cuidado de ellos, imitando cada vez más a la mujer occidental, europea y estadunidense. Riesgos ideológicos que no imaginaban las autoridades chinas. Pues resulta que en 2016, la prohibición de concebir se relajó a dos hijos por familia. Los resultados esperados en la tasa demográfica no se cumplían y hace algunos días se autorizó aumentar el número de hijos a tres. En conclusión, el número de nacimientos está decreciendo y el número de viejos aumentando, poniendo en riesgo el equilibrio demográfico que asegura los sistemas de pensiones y el “frescor” de la mano de obra.
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