Espectáculos

Publicado el martes, 27 de enero del 2009 a las 23:09
México.- La firma Christian Dior representa el lujo, la elegancia, la sencillez y los sueños cumplidos. Su creador creyó firmemente en la reinvención de la feminidad y actualmente su legado se ve plasmado en prendas, accesorios, perfumes, así como en delicadas líneas de maquillaje y cosméticos.
Christian nace en 1905, en una familia adinerada de industriales de Normandía, al norte de Francia. De su infancia conserva una auténtica pasión por los jardines, la simplicidad de la vida y el gusto por la gastronomía; también atesora la delicadeza de las mujeres, que son su eterna inspiración.
Supersticioso desde su adolescencia, el joven Dior acude con una vidente, quien le señala su destino. La mujer le anuncia que alcanzaría la gloria y la fortuna a través de las mujeres: “Siempre serán benéficas para usted y alcanzará el éxito gracias a ellas”. Y así fue.
Ante la insistencia de sus padres, comienza la carrera de Ciencias Políticas y de Música, pero pronto las abandona para dedicarse a viajar y después para dirigir una galería de arte.
En 1935, habiendo dejado de lado este negocio, empieza a ganarse la vida en París vendiendo figurines de moda. Desde sus primeros bocetos gana notoriedad, pues grandes diseñadores de la época como Patou y Nina Ricci los compran para crear modelos.
Christian descubre la moda. Se enamora con pasión hasta el final de sus días. Sus primeros trabajos son al lado de dos modistos de fama, Robert Piguet y Lucien Lelong, éste último era presidente de la Cámara de Industria y del Textil.
Mientras trabaja para él, conoce a Marcel Boussac, un rico industrial, quien fascinado por su talento, le ofrece ayudarlo a montar su primera casa de moda, lo que ocurre hasta 1946, cuando Christian Dior tiene 42 años de edad.
En el número 30 de avenue Montaigne, muy cerca de Campos Elíseos, abrió su primera boutique. Fue uno de los primeros en apoyarse en un célebre pintor para ilustrar su publicidad, René Gruau.
El carácter afable y la timidez del talentoso modista escondían una creatividad fulgurante, una determinación inalterable y una exigencia invencible. Su primera colección la presenta en 1947.
“Habíamos vivido una época de guerra, de uniformes, de mujeres soldados que parecían hombres. Tuve ganas de dibujar a una ‘mujer flor’, con hombros redondeados, bustos generosos, talles finos y faldas en forma de corola”, expresaba el creador.
La mujer Dior es efímera, atraída por la novedad, lista para mil y un transformaciones.
Durante la década de los 50, no sólo las damas de la alta sociedad y la realeza europea se convirtieron en fanáticas de todas sus creaciones, también las divas del cine de Hollywood como Ava Gardner, Marlene Dietrich y Rita Hayworth.
Christian Dior se diversifica enseguida. Crea accesorios para completar sus prendas: guantes, media, joyas y perfumes.
Para él, un perfume es sinónimo de encantamiento. Sabe que son elixires mágicos.
Su primer perfume se lanza también en 1947: Miss Dior, una especial variedad de acentos verdes y florales, una fragancia refinada de diseño depurado.
Inesperadamente, el 27 de octubre de 1957 fallece el modista.
En el mundo de la moda su historia continuaría gracias al talento de cuatro genios: Yves Saint Laurent, Marc Bohan, Gian Franco Ferré y actualmente John Galliano.
Su aportación en el mundo de los aroma tampoco se detiene. Algunas de sus grandes creaciones:
Eau Sauvage (1966). Creado por Edmond Roudnitska que revolucionó los perfumes gracias a la hediona, una nota de tipo jazmín de frescura notable. Hoy sigue uno de los perfumes más vendidos de la marca.
Poison (1985). De nombre provocador y poderoso de la familia tuberosa ambarino especiado. En 1994 se reinventó esta aroma, con notas más verdes, se le nombró Tendre Poison
Cuatro años más tarde se volvió a relanzar, ahora con notas ambarinas, amaderadas y especias, se nombre: Hypnotic Poison.
Una nueva versión nació en 2004, Pure Poison, aroma floral y suave.
Fahrenheit (1988). Transformó el universo de las fragancias masculinas con su nota de madera y violeta.
J’adore (1999). Floral frutal vivificante, en un frasco con forma de ánfora y curvas generosas.
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