Hay hogares, cientos desafortunadamente aquí en Saltillo, en los que la lógica de convivencia no se puede plantear en otros términos que no sean enfermiza y brutal. Los casos de violencia intrafamiliar y de género se dispararon en la etapa de confinamiento, pero lo más grave es que en esta etapa de franca recuperación y de “nueva normalidad”, no han disminuido, y hoy tenemos, como sociedad, verdaderos focos rojos salpicados en prácticamente toda la ciudad.
Las llamadas de auxilio al 911 no han disminuido, y ello da cuenta de que no se trató de que la pandemia colocara en situaciones límite a muchísimos ciudadanos. No, da cuenta de que los monstruos siempre estuvieron ahí, y que su violencia solo se expresó -en la cuarentena extendida y se sigue expresando hoy- con mayor intensidad y frecuencia.
Lo más cómodo es suponer que se trata de manzanas podridas de la sociedad, aquellos individuos que convierten sus hogares en verdaderos infiernos y que abusan sicológica, física e incluso sexualmente de sus esposas e hijos. El gran problema es que se trata de cientos y cientos de manzanas podridas.
Así que Saltillo sufre hoy el embate de varias pandemias y quién sabe cuál de ellas será más peligrosa: si la del Covid, si la de los problemas económicos que asfixian a miles de familias, o la de la violencia en los hogares, y esa, como sociedad, es nuestra amarga realidad.
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