Coahuila
Hace 1 semana
Hablar de la muerte nunca ha sido sencillo. En nuestra cultura evitamos el tema, como si ignorarlo, pudiera alejarnos de una realidad inevitable. Pocas decisiones reflejan amor, responsabilidad y previsión, como proteger jurídicamente a quienes más queremos. La semana pasada participé en un conversatorio sobre el testamento, en el Congreso del Estado de Nuevo León a convocatoria de la Federación Iberoamericana de Abogados que preside el abogado Paco Morales.
En México, el testamento continúa rodeado de creencias equivocadas que provocan postergar su elaboración. La realidad es distinta, el testamento no es un documento para morir, es una decisión en vida para dar certeza al futuro. Revisemos cinco de los mitos más comunes sobre el testamento, que vale la pena dejar atrás.
Mito 1. “El testamento es para personas ricas”. Probablemente sea una de las creencias más extendidas. Muchas personas consideran que, al no poseer grandes fortunas, empresas o numerosas propiedades, no necesitan hacer testamento. Nada más alejado de la realidad; el patrimonio no se mide únicamente por su valor económico. Una vivienda familiar, un terreno, un vehículo, una cuenta bancaria o derechos patrimoniales representan el resultado de una vida de trabajo. Detrás de cada bien hay esfuerzo, trabajo y dedicación que merece ser protegida.
Mito 2. “Si hago mi testamento, mis bienes dejarán de pertenecerme”. Este mito genera temor y erroneamente se puede pensar que otorgar testamento significa perder el control de las propiedades o quedar a disposición de los futuros herederos. Hacer testamento no equivale a donar los bienes ni a transmitir anticipadamente su propiedad. Por regla general, quien otorga un testamento conserva durante su vida la titularidad de sus bienes y la facultad de disponer de ellos. El testamento produce sus efectos después del fallecimiento de quien lo otorga.
Mito 3. “Soy demasiado joven para hacer testamento”. Existe la idea equivocada de que los testamentos son para personas mayores o quienes enfrentan alguna enfermedad grave. La vida no siempre responde a nuestros planes. La posibilidad de otorgar testamento depende de la capacidad jurídica y de la edad establecida en la ley, en Coahuila es a partir de 14 años. Hacer testamento no significa anticipar una tragedia, es un ejercicio de responsabilidad semejante a contratar un seguro, organizar nuestras finanzas o proteger jurídicamente nuestro patrimonio.
Mito 4. “Si no hago testamento, mi familia se pondrá de acuerdo”. Este mito puede ser uno de los más costosos, económica y emocionalmente. Muchas personas confían en que, después de su fallecimiento, sus familiares distribuirán los bienes de manera amistosa, respetando lo que alguna vez expresaron en conversaciones privadas. Aunque existen familias capaces de alcanzar acuerdos, también es cierto que las sucesiones sin testamento generan incertidumbre, desacuerdos y conflictos.
Mito 5. “Hacer testamento es complicado, costoso y no puedo cambiarlo”. Este último mito reúne tres ideas equivocadas. Primero, otorgar un testamento público abierto suele ser un procedimiento sencillo, el notario asesora, verifica los requisitos legales y formaliza la voluntad. Segundo, su costo no necesariamente es una carga económica; en México existen campañas como “Septiembre, Mes del Testamento”, en las que se ofrecen costos preferenciales. Tercero, el testamento es, por naturaleza, revocable, se puede modificar su contenido haciendo un nuevo testamento, atendiendo las nuevas circunstancias familiares y la evolución del patrimonio.
El testamento, es una decisión de amor y de responsabilidad y consiste en tomar decisiones oportunas. La cultura testamentaria debe fortalecerse como parte de una educación patrimonial preventiva. Así como aprendemos a trabajar, ahorrar y construir un patrimonio, también debemos aprender a protegerlo y decidir responsablemente sobre su destino. El mejor testamento no es el que deja más riqueza, sino el que evita más problemas y transmite mayor tranquilidad.
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