Coahuila
Hace 3 años
Mañana, 5 de febrero, se conmemora el aniversario 106 de la promulgación de la Constitucion de 1917 y 166 años de que situación similar pasara con la Constitucion de 1857. Ambos documentos son piezas torales en la creación de nuestra patria. La segunda por ser la base de sustentación en la cual LOS HOMBRES DE LA REFORMA, con el estadista Juárez García al frente, habrían de convertir lo que era un conglomerado de feudos en la Nación Mexicana. La Primera, propuesta originalmente por el estadista Carranza Garza, permitiría diseñar el Estado Mexicano Moderno cuya construcción sería llevada a cabo por el estadista Elías Calles Campuzano. De ninguna forma vamos a intentar entrar al análisis de ambas piezas desde una perspectiva jurídica, en esa materia somos legos, de lo que en esta ocasión nos ocuparemos es de las opiniones que en algunos diarios de nuestro país se vertía al celebrarse, en 1918, el primer aniversario de la Constitución que hasta hoy nos rige. Revisemos lo que se escribía entonces.
En su editorial del 5 de febrero de 1918, el diario decano de las publicaciones tapatías, El Informador, rememoraba la promulgación de las Constituciones arriba mencionadas bajo el título de “Dos fechas imperecederas: 5 de febrero de 1857 y 5 de febrero de 1917.” El comentario daba inicio precisando que cuando, en 1854, se dio la Revolución de Ayutla el objetivo de esta no era “derrocar el mas vergonzoso gobierno que haya manchado la república, el de su Alteza Serenísima, Antonio López De Santa Anna, sino de poner coto a un gobierno dictatorial y autocrático por medio de una Constitucion que estuviera por encima de todos los ciudadanos, el presidente inclusive, brotó la el 57 en la que predominó…el criterio liberal y se proclamaron las instituciones democráticas.” Vaya párrafo, no tiene nada de antiguo. Ese era, y habrá de ser siempre, el objetivo de quienes creen en su patria y no actúan como lacayos del entronizado en turno. Desafortunadamente, a lo largo del tiempo, nunca han faltado los mozos de espuelas carentes de dignidad quienes se olvidan de los preceptos constitucionales y utilizan la ruleta de esos artefactos que su patroncito en turno les presta para, en lugar de espolear al caballo, rasgar las páginas de cuanta ley se les pone enfrente. Pero, retornemos a 1918 y en donde el editorialista de El Informador quien calificaba de idealista el texto de 1857, indicando “que, si bien se asemejaba en algunos puntos a la de los Estados Unidos, difteria en otros de ella, especialmente en la proclamación de principios abstractos, que ni tenían sanción, ni fueron ni han sido respetados en muchos casos, porque aun falta en México, y no solo en México, sino en otros países más civilizados, mucho camino por recorrer.” Por supuesto que aquella Constitucion era perfectible, pero nadie podrá objetar que representaba un parteaguas en un país en donde las libertades estaban sojuzgadas. Mucho camino quedaba por andar.
Tras de que el estadista Juárez García consolidara y llevara a la práctica los preceptos constitucionales en medio de las resistencias de quienes se negaban a perder los privilegios de que gozaron por mas de tres siglos, llegaría la época de las negociaciones y la claudicación ante la extorsión de que fue objeto, el presidente Díaz Mori hizo como que gobernaba y no al amparo de la Constitucion de 1857. Así fueron las cosas hasta que llegó, primero la transición pactada rota por los hambrientos de poder político y surgió el movimiento revolucionario en todo su esplendor encabezado por el estadista futuro Carranza Garza. Tras de derrotar primero al huertismo y mas tarde a quienes se negaban a aceptar que, aun cuando nadie les niega sus capacidades guerreras, carecían de las habilidades requeridas para conducir el país hacia el futuro. Bajo este considerando nos vamos a un segundo editorial publicado, el 5 de febrero de 1918, en el diario El Pueblo.
Al igual que el editorial mencionado previamente, daba inicio refiriendo a la Revolución de Ayutla como explosión airada del pueblo en contra del prototipo de farsantes y dictadores, el López del siglo XIX. Se mencionaba que los constitucionalistas de 1917 escogieron el 5 de febrero para promulgar la Constitucion para con ello “demostrar que se considera una continuadora de la obra libertaria de los hombres de entonces; para rendir tributo a la generación que resolvió para la nación toda, uno de sus grandes problemas: el de averiguar que clase de gobierno habría de amparar, en lo sucesivo, el crecimiento de las libertades.” A continuación, el editorialista realiza un análisis breve sobre las circunstancias que prevalecían al momento en que ambas Constituciones fueron promulgadas. Acorde con su versión, “el problema social de entonces no era todavía, por lo menos, el de creencias; los constituyentes del 57 veían el problema político únicamente por el lado de la forma de gobierno, y en consecuencia lo resolvieron en ese sentido. La Federación quedó definitivamente conquistada y con ella la república.” Desde su perspectiva, el problema religioso no quedó resuelto sino hasta que el estadista Juárez García “cortó el nudo gordiano.” Ello, se materializó al momento en que la Leyes de Reforma se hicieron constitucionales “y vencida la ultima y sangrienta tentativa de la reacción, la joven republica se aprestaba a ejercitar sus nuevas libertades y a colocarse a fuerza de energía y constancia en una fila honrosa entre las naciones civilizadas.” Nótese como para ambos editorialistas era muy importante recalcar que México se incorporaba a las naciones civilizadas, cualquier cosa que eso significara. Otros problemas eran identificados por el editorialista de El Pueblo.
Acorde con su análisis, las cosas sufrieron un cambio con la aparición del capitalismo y el industrialismo. “Ya nadie soñaría con volver al centralismo o al imperio, nadie pugnaría por fortalecer un estado dentro de otro estado, como sucedía cuando la iglesia era omnipotente, más las libertades eran una palabra porque no había posibilidades de ejercitarlas; la condición económica precaria de las masas proletarias; la concentración de la tierra en unas cuantas manos, el régimen de monopolio de hecho que se había establecido, estorbaban que la verdadera justicia pudiera establecerse.” Si bien en la parte segunda del párrafo no haya nada que discutir, en lo referente a las veintisiete palabras iniciales, estimamos que durante el gobierno del presidente Díaz Mori, el centralismo se convirtió en forma de gobierno y si bien no había un imperio, de facto la forma de gobernar adquiría tonalidades de ello. Y lo de un estado dentro de otro, pues la curia católica supo como darle vuelta a la ley y recuperar mucha de su influencia, pero sobre todo sus riquezas monetarias.
El escribidor de 1918, indica con acierto que al ser imposible vivir al amparo de los preceptos constitucionales, estalla el movimiento de 1910, el cual “fracasó en la celada que le puso la reacción.” Nunca más precisa sea dicha esta verdad. Es a partir de ello que la Revolución Constitucionalista recoge “magnificándolos y precisándolos, los principios que pregonara el ilustre Madero.” Mencionaba que la Constitucion de 1917 era el resultado de “nuestra revolución económica, la más fundamental que hemos tenido y la más necesaria.” Lo que a continuación se menciona es algo trascendental que hoy, mas que nunca se encuentra en condiciones precarias.
“La nueva Constitución reforma algunos de los organismos gubernamentales, dando fuerza al Ejecutivo, equilibrándolo con su participe de poder, el Legislativo; delinea las bases para un poder Judicial independiente e inamovible; restituye la autonomía a los municipios, que son la clave del gobierno democrático.” Esto eran los principios bajo los cuales los Constituyentes de 1917 planteaban el futuro del país. Sin embargo, los afanes de endiosamiento y apetito de poder dieron al traste con ello. Contrario a lo que algunos señalan de que la distorsión fue generada por el estadista Elías Calles Campuzano, eso no ocurrió una de sus virtudes era respetar los liderazgos regionales y a partir de la suma de ellos crear el gran proyecto nacional. La distorsión da inicio durante el gobierno del presidente Cárdenas Del Río quien fue el creador verdadero del presidencialismo y el culto a un solo hombre. Si, ya sabemos que no faltara alguna distraído que se asome a estas líneas y nos tache de cuanta cosa se le ocurra porque osamos señalar a la “esfinge,” pero que le vamos a hacer ni modo que vayamos a alabar su modelo agrario productor de millones de votos, pero muy pocos productos agrícolas. O acaso olvidan que todas las distorsiones políticas que se vivieron en los años subsecuentes a su mandato no fueron producto de la semilla que sembró. Y del petróleo, mejor ni hablamos. Pero, una vez más, dejemos de tomar otros caminos y volvamos al sendero por donde transitan estos comentarios sobre la Constitución.
Para aquel editorialista, la forma en que la Constitucion planteaba la solución a los problemas sociales colocaba al país entre los mas adelantados de la tierra. “la cuestión agraria que ha sido una de las causas mas generales del descontento de todas las poblaciones del país es objeto de su especial cuidado y por lo tanto establece las bases para que los terrenos comunales y los ejidos vuelvan a sus primitivos dueños; provee el fraccionamiento de la gran propiedad; procura que ninguna tierra quede sin cultivar por negligencia o mala fe…” Aquí es importante recalcar que el objetico de los Constituyentes era crear unidades de producción que permitieran resolver el problema alimenticio del pueblo mexicano. En ningun momento, plantearon convertirlos en seres dependientes, como se instrumentó a partir de 1935. Los hombres del norte tenían muy claro que el ejido era un estadío transitorio hacia unidades de producción de pequeña propiedad con crédito, tecnología, fertilizantes, agua y que la actividad agrícola se diera en terrenos aptos para ello y no en lomeríos o yermos, como se hizo después, con el afán simple de aparecer como el presidente más agrarista del mundo.
En materia laboral, la perspectiva en 1918 era de que “uno de los capítulos que le dan mas gloria [era la reglamentación] del trabajo del proletario, del obrero, fijando firmemente sus derechos. La libertad queda así asegurada al trabajador frente al capitalista. El hombre en México queda dos veces dignificado, al establecerse sus derechos a existir y trabajar, y al colocarlos en el rango de derechos constitucionales.”
Para concluir, señalaba que “no nos toca a nosotros juzgar a nuestros contemporáneos, pero estamos seguros de que la historia proclamara, como representativo de esta gran revolución económica al ciudadano Venustiano Carranza, por su conocimiento de nuestros males, por su fe en encontrarles remedio y por la admirable prudencia con que los ha aplicado, en medio de las más difíciles condiciones.” En nada se equivocaba aquel redactor. Sin embargo, se quedaba corto en algunas apreciaciones.
La gran virtud del estadista Carranza Garza, además de haber convocado al Congreso Constituyente, fue tras de enviar su proyecto de Constitucion, permitir que los miembros de dicho Congreso lo debatieran abiertamente y realizaran los cambios que consideraran convenientes tras de una discusión amplia. Fue capaz de aceptar que no era el dueño de la verdad absoluta. Eso solamente lo pueden hacer gobernantes cuyo liderazgo está consolidado más allá de los que una u otra facción opine. Esto es lo que marca la diferencia entre quien tiene estatura de estadista y aquellos que obligan a su siervos a que le aprueben cuento envían sin moverle una coma. En los tiempos en que gobernaba el PRI, la relación entre poderes era de respeto basada en la negociación. Quienes desconocen cómo se hacían las cosas no están enterados de todo el proceso que se seguía a la hora de aprobar leyes, reglamentos y demás cuestiones. La negociación prevalecía y muchos eran quienes intervenían en el proceso hasta que llegaban a un acuerdo y el documento era sometido al presidente de la republica para que lo enviara al Congreso cuyos integrantes ya habían participado en la elaboración del mismo. Así que aquello de que no le cambiaban ni una coma por orden presidencial es un mentira total , pero eso implicaba la participación de funcionarios y políticos capaces con la piel muy gruesa. De esa calidad eran quienes integraban el Congreso Constituyente de 1917. Si usted lector amable no ha tenido oportunidad de revisar el Diario de los Debates, lo invitamos a que lo haga. Ahí encontrara piezas de oratoria pulcras y plenas de conocimientos del tema en discusión, así como de cultura general, nada que ver con la pobreza intelectual de la mayoría de los legisladores de hoy.
En 1918, la Constitucion apenas cumplía un año, hoy a 106 años de distancia, muchísimos han sido los cambios que se le han hecho, cada presidente ha querido pasar a la historia realizándole enmiendas en lugar de haber promulgado leyes para la acción respectiva. De cuando en cuando surgen voces demandando se convoque a un Congreso Constituyente para promulgar una Constitucion nueva, pero al final como surge se apaga. No es necesario escribir otra Constitucion, lo que se requiere es cumplir con los preceptos establecidos en la actual y no andar buscando como violarla para satisfacer apetitos personales de poder. Además, para que sea factible convocar a un Congreso Constituyente es requerido un liderazgo firme y que al frente de la nación se encuentre alguien del calibre del estadista Venustiano Carranza Garza y eso, pues se ve muy lejano de que [email protected]
Añadido (23.05.26) Hoy somos testigos de cómo los políticamente correctos no son sino una partida de farsantes. Dado su carencia de capacidad intelectual, ante la presentación que hicieron los integrantes de Colectivo por México, no se han detenido en nada para endilgarles toda una serie de epítetos e insultos relacionados con la edad cronológica a quienes participan en ese ejercicio democrático. Ni una sola propuesta de los políticamente correctos que los lleve al debate de las ideas, pero que podemos esperar de los hijos del asambleísmo, el porrismo y fauna que los acompaña.
Añadido (23.05.27) Apenas lo calificaron de “adversario político” y corriendo salió a deslindarse. Por esa carencia, no fue presidente.
Añadido (23.05.28) A los panboleros ya les sirvieron su jarro con atole. Ahora sí, a ingerirlo con el dedo, llenar los estadios y a disfrutar los partidazos.
Añadido (23.05.29) ¿Acaso a algunos les salieron sus raíces ibéricas y soñaban con un “tejerazo”?
Añadido (23.05.30) A su papacito también se le acabaron sus ansias rebeldes en cuanto lo mandaron llamar. Claro que a él se lo dijeron cara a cara no vía bravata. Aquellos eran otros tiempos.
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