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Cómo enfrentar a las superratas evolucionadas que resisten a los venenos

  Por Grupo Zócalo

Publicado el sábado, 18 de abril del 2026 a las 10:11


Las llamamos 'superratas', pero son los roedores de siempre, de alcantarilla que han acumulado mutaciones que los hace inmunes a venenos comunes

Ciudad de México.- “Hoy por hoy, no es posible terminar con las ratas”, dice un experto de la empresa Anticimex, una empresa de matriz sueca dedicada, entre otras cosas, al control de plagas, además tiene un blog muy popular en el sector sobre rodenticidas, biología de roedores y estrategias de control.

En las grandes ciudades como Ciudad de México, Londres, París, Nueva York y España ya son un grave problema por su capacidad de de adaptación, la abundancia de alimento y la resistencia que han desarrollado a venenos.

“Es posible que a muchos les sorprenda lo que estoy a punto de decir pero quienes nos dedicamos a esto admiramos bastante a los roedores cuyas poblaciones controlamos”, añade el técnico. “En el caso de las ratas, abandonaron sus vidas libres en el bosque y decidieron vivir entre los humanos, que somos el más letal de los depredadores. Y a pesar de que les hacemos la vida imposible, siempre encuentran la manera de adaptarse. En pleno 2026, no hemos encontrado un modo de erradicarlas. Al contrario, en ciertas zonas su población se ha desmadrado un poquito. Llevan ya 2000 años con nosotros y, en todos los sentidos, es un superanimal“.


Que las dos especies de ratas que combate, la de alcantarilla (Rattus norvegicus) y la negra (Rattus rattus), sean el adversario perpetuo al que debe derrotar no le impide reconocer esa especie de genio para sobrevivir en el subsuelo ni admirar su capacidad de aprendizaje, su neofobia estratégica, su plasticidad ecológica y esa habilidad casi inquietante para convertir cada medida humana de control en un nuevo desafío evolutivo.

“Seguramente también sobrevivirían a un ataque nuclear porque tienen un ciclo de vida muy corto y se reproducen mucho de modo que para cuando contraen un tumor ya han dado una camada. Es un organismo brutal de 200 a 400 gr que puede beber agua sucia del alcantarillado contaminada de salmonela y alimentarse de los desechos orgánicos que nosotros evacuamos”.

Su última proeza como especie, la más reciente y documentada, es haber mutado: poblaciones enteras de ratas de alcantarilla y ratas negras han desarrollado cambios genéticos espontáneos que las hacen resistentes a los venenos anticoagulantes que durante décadas han sido la principal arma humana contra ellas.

Presión selectiva

Es la respuesta evolutiva a una presión selectiva extrema: los ejemplares que portaban esas mutaciones sobrevivieron a los raticidas, se reprodujeron y transmitieron el rasgo a su descendencia, hasta que hoy, en 12 comunidades autónomas, una parte significativa de las colonias urbanas ya no muere con cebos convencionales.

Hace solo unos años que sabemos de la presencia de lo que se conoce coloquialmente como superratas. Y ello ha sido gracias a un estudio pionero del CSIC-INIA (Consejo Superior de Investigaciones Científicas – Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria), publicado en febrero de 2023.

Los científicos, liderados por la investigadora Azucena Bermejo-Nogales, analizaron muestras genéticas de roedores capturados en 12 comunidades autónomas y confirmaron la presencia de mutaciones en el gen VKORC1, el mismo que codifica la enzima diana de los rodenticidas anticoagulantes.

Las conclusiones de su estudio fueron sorprendentes: hasta un 21% de las ratas de alcantarilla muestreadas en el alcantarillado de Madrid portaban la mutación S149I, mientras que en la rata negra la frecuencia de la variante S149T alcanzaba el 32% en algunas poblaciones. Estas alteraciones genéticas modifican la estructura de la enzima impidiendo que los venenos habituales -warfarina, bromadiolona, difenacoum- se unan con eficacia, de modo que los roedores sobreviven a dosis que antes los eliminaban. El estudio no describía una nueva especie, sino un fenómeno de resistencia genética, fruto de décadas de presión selectiva por el uso intensivo de biocidas.

Mutación resistente

Es importante insistir en esto último: cuando hablamos de superratas no nos referimos a un animal enorme salido de un laboratorio ni a una nueva especie zoológica. El término es puramente coloquial y periodístico; designa a ratas de especies ya conocidas –Rattus norvegicus y Rattus rattus- que han desarrollado, por selección natural, mutaciones que las hacen resistentes a los venenos convencionales.

La etiqueta saltó al gran público en octubre de 2012, cuando el doctor Dougie Clarke, de la Universidad de Huddersfield, lanzó una campaña nacional para mapear la distribución de las ratas resistentes en Reino Unido y alertó de que en algunas zonas del oeste y sur de Inglaterra hasta un 75% de los ejemplares analizados portaban mutaciones.

La investigación de Clarke, difundida por la BBC y la prensa británica, fue la que terminó convirtiendo el término técnico en un titular recurrente.

En España, la designación apenas comenzó a circular cuando se divulgaron hace tres años los estudios de Bermejo-Nogales y su equipo del CSIC-INIA. Sin embargo, ya entonces, la resistencia a rodenticidas era un fenómeno conocido técnicamente.

“Claro, nosotros, por ejemplo, sí que hemos detectado durante alguna desratización que puede haber algún momento en que usas un producto y no obtienes el resultado apropiado, pero lo que se hace en estos casos es probar con otra cosa. Lo que no hacemos es llevar la rata a analizar”, apunta el experto de Anticimex.

Reorientando estrategias

Desde esa posición, el técnico asegura que en Mus musculus -el ratón doméstico- las resistencias están ya fuera de duda y que, en el caso de Rattus norvegicus, lo más prudente es dar por hecho que existen poblaciones resistentes allí donde durante años se ha trabajado con los mismos venenos. Por eso la compañía lleva tiempo reorientando sus estrategias: evita en lo posible los anticoagulantes más problemáticos y prioriza el uso de colecalciferol (vitamina D3) y otros métodos que reduzcan al mismo tiempo el riesgo de seleccionar ratas resistentes y el impacto sobre depredadores y fauna salvaje.

Este asunto es importante porque los venenos están saliendo del subsuelo y entrando en la cadena trófica. Durante los siete días en que una rata envenenada vaga antes de morir, cualquier depredador que la consuma –un zorro, una garduña, una lechuza, un milano- ingiere también dosis acumuladas de anticoagulante que pueden no matarlo al instante, pero sí irse almacenando en su hígado durante meses.

Estudios recientes han encontrado trazas de difenacoum y otros compuestos en rapaces, carnívoros y hasta peces de río, lo que convierte cada campaña de desratización mal planteada en una lluvia invisible de biocida sobre el ecosistema. De ahí que las empresas estén tratando de salir del círculo vicioso: menos anticoagulantes, más D3 y más control fino, porque cada rata que cae con veneno clásico deja una estela química que no entiende de fronteras entre especies.

Desde ciertas organizaciones como Center for Wild Animal Welfare, con sede en el Reino Unido, se está empujando precisamente en la dirección contraria a la guerra química clásica: menos veneno, más política pública y más biología. Sus investigadores y lobistas trabajan con la idea de que el control de roedores no solo es un asunto de salud pública y de limpieza urbana, sino también de bienestar animal y de daños colaterales sobre la biodiversidad. En su opinión, los rodenticidas actuales son una herramienta obsoleta: están perdiendo eficacia porque las ratas desarrollan resistencias, envenenan a depredadores y carroñeros que nunca fueron el objetivo y provocan muertes en millones de mamíferos.

Frente a ese modelo, defienden que la gran apuesta debería ser el control de fertilidad: reducir el número de crías en lugar de multiplicar el número de cadáveres, y usar la regulación europea para abrir paso a anticonceptivos para fauna salvaje que sean, a la vez, más humanos, más eficaces a medio plazo y menos tóxicos para el ecosistema.

Hemorragias dolorosas

A juicio de Richard Parr, director del Center for Wild Animal Welfare y miembro de la Orden del Imperio Británico, “hay que recordar a los responsables políticos que el control de roedores también importa por el bienestar de los propios roedores: los rodenticidas comunes matan mediante una serie de hemorragias dolorosas que se prolongan durante varios días, causando un sufrimiento innecesario a millones de mamíferos altamente inteligentes y sintientes“.

“La UE clasifica los rodenticidas como candidatos a sustitución”, añade Parr. “Esto significa que reconoce que los efectos negativos de los rodenticidas son inaceptablemente altos. Los gobiernos deberían apoyar el desarrollo de anticonceptivos como alternativa al control letal y la Comisión Europea tiene una gran oportunidad de contribuir a llevar estos productos innovadores al mercado mediante reformas regulatorias e impulsando la financiación de la investigación y el desarrollo de anticonceptivos para fauna silvestre”.

El estudio sugiere que no hay una sola superrata, sino varios linajes de resistencia distribuidos por el territorio: cada zona del país incuba su propio “dialecto genético” de resistencia. En 2025 y 2026, la patronal ANECPLA ha alertado de un repunte de ratas, con aumentos claros en el número de avisos y actuaciones registradas por las empresas de control de plagas.

En Málaga, por ejemplo, se tramitaron más de 2.400 peticiones de intervención por roedores solo en el primer semestre de 2025, y en Barcelona el ayuntamiento tuvo que reforzar las campañas en barrios como la Barceloneta y zonas verdes donde la Rattus rattus ha ganado terreno.

Nadie puede demostrar todavía que cada uno de esos brotes esté directamente ligado a las mutaciones, pero sí hay consenso en que el cóctel de resistencias genéticas ha creado el caldo perfecto para que las plagas se hagan más persistentes.

Con información de El Mundo CNN

 

 

 

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