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Concordia

Por Columnista Invitado

Hace 1 mes

Por: Sergio Aguayo

Démosle prioridad a combatir el odio que se siembra en las redes sociales. Normaliza la violencia que favorece a los cárteles. ¿Cómo abrirle espacios a la concordia?

A lo largo de mi carrera académica y periodística he comprobado que el antídoto más eficaz para la difamación y la inquina es investigar desde la razón; es decir, apalancarse todo el tiempo en el rigor y la verificación para crear conocimiento que mejore la conciencia sobre un fenómeno. Difícil descalificar los hechos verificables.

En El Colegio de México coordino el Seminario sobre Violencia y Paz dentro del cual hay un proyecto sobre Odio y Concordia. En ese espacio académico, Gabriela Cruz, Abraham Trejo y Marimar Argüelles estudiaron el odio encapsulado en 8 mil 200 tuits sobre Denise Dresser y Beatriz Gutiérrez Müller, mujeres que ocupan espacios diferentes del espectro político. La semana pasada se difundieron los resultados y el 95% de los mensajes que reciben fueron negativos. Son maltratadas independientemente de lo que digan o hagan.

En las guerras culturales se lucha por imponer valores. En este caso el enfrentamiento es entre quienes promueven el rencor y quienes apostamos por el diálogo con respeto a quienes piensan diferente. La investigación tenía entre sus objetivos realzar la importancia de los polos de concordia. Lo logramos porque demostramos que la animosidad daña a las dos partes y porque, como país asediado por criminales, debemos evitar que la sociedad se acostumbre a la violencia porque ello beneficia a los profesionales de la muerte: los cárteles. Con eso en mente enuncio la manera como reaccionaron algunas de las partes interesadas en el tema.

Un buen número de medios de comunicación retomaron lo esencial de la investigación: el odio en redes es nocivo, combatámoslo. El diario Reforma se destacó por la fuerza con la cual difundió los hallazgos, lo cual puede verse como un ramo de olivo hacia la 4T y la esposa del Presidente. Ninguna dirección de comunicación social federal hizo mención del estudio, pero las televisoras públicas sí lo hicieron y el Gobierno de la CDMX sí lo incluyó en sus resúmenes. Pareciera que la 4T carece de postura al respecto. Finalmente, en las redes sociales se mantuvo inalterado el rencor y, como es costumbre, los promotores de la iniciativa fuimos descalificados con la intensidad habitual.

El balance importa para enfatizar la urgencia de frenar la rabia en redes. Como hay políticos y funcionarios que apuestan por la concordia, esta se beneficiaría si cuidaran más la veracidad de lo que declaran. Lo ejemplifico con un hecho muy comentado en redes. Hace unos días, en una de sus mañaneras, el Presidente leyó un tuit extraordinariamente agresivo y ofensivo contra su esposa: “Ofende a Beatriz y me ofende a mí”, dijo. Dejo de lado si fue correcto o no revictimizar a la doctora Gutiérrez Müller; mejor comento un error y una omisión.

El Presidente erró al atribuir falsamente la autoría del tuit a uno de los 31 académicos que la FGR acusa de delincuencia organizada; verificar lo dicho en el espacio público es obligación del gobernante. La omisión es que ni él ni su esposa presentaron una denuncia o queja ante las instituciones que tienen la competencia para esclarecer responsabilidades sobre el lenguaje de odio. Es necesario tomar medidas contra quienes usan Twitter u otras redes sociales para insultar aprovechándose de la tolerancia de las empresas tecnológicas que lucran con el insulto.

México tiene instituciones federales con elevados presupuestos que observan indiferentes el ir y venir de la ponzoña. El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) o el Instituto Nacional de las Mujeres podrían estar actuando de oficio para revisar la normalización de la violencia contra las personas. Estas y otras instituciones deberían exigirles a las policías cibernéticas que utilicen su capacidad para llegar a las fuentes del odio.

Uno de nuestros problemas más graves es el odio fluyendo por las redes sociales. Es responsabilidad colectiva levantar diques al encono y trabajar conjuntamente por la difusión de información verídica basada en el respeto a la dignidad de los otros. Respetar la otredad es una prioridad.

 

Colaboraron Anuar Israel Ortega Galindo y Sergio Huesca Villeda

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