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Coahuila

Construir sociedades más optimistas e incluyentes para ser felices en los tiempos de la diversidad

Por Irene Spigno

Hace 3 años

Los seres humanos somos complejos: tenemos muchas facetas que se desenvuelven en distintas áreas. Aquí, en este espacio que comparto cada lunes con todas y todos ustedes, solo quiero destacar dos de las múltiples partes importantes de nuestras vidas: una es nuestra identidad, que es poliédrica e incluye, entre otras cosas, la identidad de género, es decir, si nos identificamos como mujeres u hombres, según una construcción sociocultural elaborada por el paradigma patriarcal prevalente – todavía – en nuestras sociedades.

Y la segunda, sobre la que todavía existe una gran vergüenza, como si fuera algo malo (a causa también de una difusa doble moral), es nuestra sexualidad. Todavía, en el siglo 21, hablamos de sexualidad con sentido de culpa, como si fuera algo sucio y que hace daño, cuando en realidad, si aprendiéramos a hablarlo de manera más abierta, espontánea, natural y, especialmente, sin prejuicios, quizás se resolverían varios problemas de nuestras sociedades desigualitarias (por ejemplo, el tema de los embarazos en adolescentes o las enfermedades de transmisión sexual).

¿Será esta vergüenza, este sentido de culpa, esta doble moral que nos impide vivir una vida plena y feliz? Hace pocos días, el 28 de junio, se celebró el Día Internacional del Orgullo LGBTI+, como parte de las reivindicaciones en contra de una heteronormatividad tradicionalista que todavía excluye y discrimina a aquellas personas que luchan por el reconocimiento del respeto de su orientación o preferencia sexual, identidad y expresión de género, entre otras cosas. Personas que todavía luchan para poder vivir la vida de sus sueños, una vida en la que son respetadas y respetados y pueden disfrutar, en condiciones de igualdad, de sus más básicos derechos humanos.

¿Y será esa misma vergüenza, ese sentido de culpa, esa doble moral que nos impide también entender la lucha de la comunidad LGBTIQ+? En realidad, no es algo que tengamos que entender. Solo tenemos que respetarla y apoyarla, porque estamos hablando de los derechos humanos de las personas. El derecho humano a ser como cada quien quiere ser y a vivir su propia sexualidad como se quiere, aunque siempre respetando a las demás personas.

Cuando se asoman en la arena jurídica nuevas necesidades en temas de derechos humanos, nunca se entienden, siempre se viven con rechazo. Esta es la historia de los derechos humanos. Incluso, cuando las mujeres empezaron su lucha para el reconocimiento de sus derechos, no se entendía que afán tenían las mujeres de querer votar a toda cuesta y de tener los mismos derechos que los hombres.

Si existen cosas que no alcanzamos a entender es porque no las conocemos o porque nuestros prejuicios y creencias limitantes nos condicionan, convencidos que solo nuestra forma de pensar y de vivir es la válida y correcta. Y esto es muy típico y presente en las sociedades cerradas y conservadoras.

Sin embargo, las sociedades cerradas y conservadoras, que rechazan las diversidades en su acepción más amplia, son el terreno más fértil para la infelicidad individual y colectiva. Tenemos que romper este círculo y aspirar a crear sociedades más abiertas y más optimistas, en las que todas las personas puedan creer en sus sueños sin límites y en las que cada día sea un buen momento para ser uno mismo y alimentar cotidianamente nuestros sueños. Tenemos que construir sociedades donde todas y todos tengamos más oportunidades, en condiciones de igualdad, sin importar nuestra identidad de género u orientación sexual.

No, no estamos hablando de una utopía. Estamos hablando de realidades que ya existen. Pensemos, por ejemplo, a muchas sociedades de países del norte de Europa o en Canadá, entre otros. Son los países de las grandes oportunidades, que reciben, acogen y respetan las diversidades con brazos abiertos.

Quizás no sea fácil construir sociedades incluyentes. Para alcanzar este objetivo, se necesita la voluntad de muchas personas dispuestas a dejar de lado su ego y miedos y pensar con una mente abierta y tolerante que permita a todas las personas ser felices. Y sí, esto es posible.

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