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Coahuila

Corazones destrozados

Por Cholyn Garza

Hace 2 meses

¿Qué está pasando en el mundo? ¿Por qué tanta violencia? ¿Será que estamos haciendo mal las cosas? La masacre reciente en una escuela primaria en la ciudad de Uvalde, Texas nos ubica una vez más en la triste y dolorosa realidad.  Una realidad donde el odio, el crimen, van ganando terreno.

Es asombroso observar con qué facilidad se compran y distribuyen las armas, cada vez más sofisticadas sin la debida precaución.  Triste, lamentable que vaya incrementándose la posesión de armamento entre jóvenes que lo único que están demostrando es el desprecio a la vida.

Justificar lo injustificable es una aberración.  Los focos rojos se han encendido desde hace mucho tiempo.  No es una novedad la cada vez más extendida portación de pistolas so pretexto de salvaguardar la vida, defender a la familia, el hogar, en fin.  Pretendidas justificaciones que aún no acabo de entender.

Sin importar distancias o lugares, a todos nos duele y nos destroza el corazón cuando conocemos un acontecimiento como el que recién tuvo lugar en la ciudad de Uvalde.  Nos damos cuenta, que nadie está a salvo hoy en día. Pensamos en nuestros hijos, en nuestros nietos, en el riesgo tan grande en que se encuentran todos los niños del mundo.

Riesgo en el que todos estamos sin importar la edad.  Por una parte, al constante discurso de odio que se escucha y por otra a la indiscriminada venta de armas que van a dar a manos de quienes van a sembrar terror.

Hemos observado como la crueldad, la maldad se va apoderando de la mente y emociones de jóvenes para convertirlos en verdugos, en asesinos a los que nada les importa.

Veía un video que nada tiene de gracioso y que fue circulado en redes infinidad de veces.  En una tienda en Estados Unidos, se ve a una mujer pidiéndole a un pequeño de escasos 4 o 5 años que accione un arma que se encontraba en el área de exhibición.  El niño, sonriendo, quita el seguro, luego el cargador con una facilidad asombrosa.  La mujer se muestra divertida y en ningún momento mostró mínima preocupación.

¿Dónde empieza el problema? Pregunto con preocupación.  Por favor, no me digan que el video es una broma.  Preocupémonos por la facilidad y rapidez con que el pequeño, maneja el arma.  Obviamente debe haber sido un adulto quien le enseñó.

Una madre de familia, preocupada por lo ocurrido en la escuela primaria de Uvalde, me comenta lo siguiente: “en la escuela de mi niño, uno de sus compañeritos les anda diciendo a los alumnos “te voy a matar” “cuando cumpla 8 años, te voy a matar”.  Los niños, por supuesto, están asustados y les comunicaron a sus padres, quienes a su vez fueron a hablar con la maestra.  La mamá del “niño problema” cuando fue llamada a la escuela para recibir la queja, la tomó como si nada estuviera ocurriendo. 

¿Qué está sucediendo en las familias? ¿Dónde empieza el problema? Pregunto de nuevo. 

Al ver tanta violencia en el mundo, tanta incomprensión, la falta de diálogo y de respeto entre gobernantes, ciudadanos, familias, me pongo a pensar por qué antes sí pudieron nuestros padres detectar de alguna manera las señales que se enviaban en niños, en adolescentes y “aplacaban la rebeldía” o como decían “hay que meterlos en cintura” preferible “que lloren ellos un rato y no nosotros toda la vida”.

Me he puesto a pensar en los padres que perdieron a sus hijos en un acto de barbarie cometido por un joven cuya mente -sin duda enferma- no fue capaz de razonar.  Padres que despidieron a sus hijos a la entrada de su escuela, quizás con un beso y la bendición sin imaginar que sería la última caricia que darían o recibirían.

Es difícil creer que un ser humano sea capaz de empuñar un arma y accionarla contra seres indefensos.  Maestros, alumnos pequeños, fueron inexplicablemente masacrados.

¿Qué estaría sucediendo en la mente de Salvador Ramos, el multi homicida para haber actuado como lo hizo? ¿Qué pasaba en su interior? ¿En su corazón? para atentar en contra de su propia abuela, como lo hizo. Diez y ocho años tenía el asesino, próximo a graduarse de High School ¿una vida sin futuro? ¿Cuántos jóvenes como él, habrá? 

Me aterra pensar en el mundo cruel y despiadado que hemos construido para nuestros hijos y nietos.

Por un lado, guerras, dirigidas por individuos que se esconden en su bunker y ordenan atacar a todo aquel que consideran su enemigo, sin importarles que haya niños en riesgo.  Si es imperdonable destruir ciudades, familias, más lo es asesinar a quienes no se les está dando la oportunidad de escribir su propia historia de vida: a los niños.

Las guerras, las masacres en escuelas, en ciudades, están dejando corazones destrozados.  Vidas inocentes destruidas por las armas que construye el hombre, el ser humano y que están sirviendo, no precisamente para la defensa propia y seguridad en los hogares, sino para causar un daño irreversible en personas inocentes.  Daño que no se borrará jamás.

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