Pasan los días y nada. Los intentos por rescatar a los 10 mineros atrapados en las entrañas de una mina de carbón han resultado un rotundo fracaso. Simplemente, como en el primer día, hoy “no hay condiciones” para que ingresen los rescatistas.
El drama se prolonga y la desesperación y malestar de los familiares crece, y con ello (con toda justicia), los reclamos a todas las autoridades que por acción u omisión son tan responsables como los concesionarios y los prestanombres, de esta tragedia.
Y es que si algo nos debe quedar claro es que nada aprendimos de la tragedia en Pasta de Conchos en el 2006, y que hoy, 16 años después, en la extracción de carbón se mantienen intactas las mismas condiciones de ilegalidad, de corrupción y de abuso, donde lo último que importa es la seguridad y la vida de quienes rascan las entrañas de la tierra para sacar pedazos de un mineral que enriquece a unos pocos.
Las precarias e ilegales condiciones en que operan los pocitos -esos monumentos a la corrupción asesina, a la codicia, a la indolencia y la indignidad-, como el que hoy acapara los reflectores mediáticos, en cuestión de semanas, quedará, al igual que Pasta de Conchos, en el olvido de las autoridades, mientras que todo lo que originó aquella tragedia y la actual, seguirá intacto, hasta que vuelva a ocurrir otro accidente que exhiba, una vez más, que si de dinero y poder se trata, no importa nada, ni la ley ni la vida, especialmente de aquellos que literalmente se la juegan todos los días por necesidad.
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