Uno de los sapos que Felipe Calderón debió tragar fue por no haber enjuiciado al clan Moreira. Su falta de legitimidad, el acoso de Andrés Manuel López Obrador, quien siempre lo tildó de espurio, y la necesidad de negociar con los gobernadores del PRI lo convirtieron en rehén. En Saltillo aparecieron bardas durante su presidencia con leyendas como esta: «Calderón alcohólico». Eran anónimas, pero conducían al Palacio de Gobierno donde Humberto y Rubén ejercían el poder de manera despótica. En un video difundido el 26 de octubre de 2018, el expresidente del PRI —para entonces ya expulsado— volvió a asomar la oreja: «Cuando tomes, no tuitees», replicó a Calderón por acusarlo de enriquecimiento ilícito y otros delitos.
Moreira repite en el video las palabras empleadas por su hermano Rubén en la Cámara de Diputados antes de imponerlo como sucesor: «(Felipe Calderón) se robó la presidencia. Es usurpador e ilegítimo. Su Gobierno ya se acabó, está encerradito en Los Pinos rodeado de guardias de seguridad» (La Jornada, 11.03.10). Trepador político, Moreira coordina hoy la bancada del PRI y entre los diputados del PAN tiene de aliada a Margarita Zavala, esposa de Calderón. Ambos partidos, junto con el PRD, forman la coalición legislativa Va por México, cuyo fracaso en las elecciones intermedias y en la elaboración del presupuesto 2022 fue rotundo. Pues ni unidos pudieron ganar la mayoría absoluta y sin ella era imposible modificar el gasto propuesto por AMLO. Morena los derrotó además en 11 de 15 gubernaturas.
El PAN y el PRI tienen más diputados con respecto a la legislatura anterior debido a su alianza contra López Obrador y Morena. Sin embargo, el PRI se partirá a la hora de votar la reforma eléctrica y la coalición llegará a su fin. Quienes votaron en junio por ese partido repararán en el error de haberlo apoyado con la expectativa de frenar a AMLO y de convertirlo en la oposición que jamás ha sido, pues siempre ha gravitado en la órbita presidencial. Con Moreira y Alejandro Moreno en un puño, el líder de la 4T tiene en la bolsa los cambios a la Constitución para resucitar a Pemex y a la CFE, a pesar de la retórica en torno al presupuesto.
Moreira fanfarronea sobre el sentido del voto de los diputados del PRI, pero ya está decidido. Es una cortina de humo como la tendida por él y su hermano Humberto para encubrir la deuda por 40 mil millones de pesos impuesta a Coahuila en la complicidad del Congreso. El apoyo al presidente dará impunidad a quienes tienen la soga de la Fiscalía General de la República en la garganta. «La CFE es de todos los mexicanos. Cuando alguien dice que es ineficiente, debería pensar que es también “su” CFE y es importante revisar si es cierto, por qué lo es y cómo puede mejorar». La declaración no es del presidente o de Manuel Bartlett, director de la Comisión Federal de Electricidad, sino de Moreira.
Un par de perlas más de quien, como diputado, se opuso a la reforma energética de Felipe Calderón y luego, como gobernador de Coahuila, apoyó a rabiar la de Peña Nieto —la engañifa era la misma, pero revolcada—: «El compromiso de nosotros (los priistas) es con (…) quienes tienen más necesidad. Tenemos que garantizarles (…) un buen servicio, que sirva para el futuro y garantice la soberanía nacional». «Vivimos en un país donde hay Iniciativa Privada. Cómo se garantiza esta sin que los intereses particulares de alguien estén sobre los de la nación, lo que hoy pasa, por ejemplo, en España» (Instituto Mexicano de la Radio, IMER, 07.10.21). Decirle a AMLO «servido, señor presidente», sería redundante. El PRI ha sido siempre su propio verdugo.
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