Esa frase la escuchaba de labios de mi padre, cuando respetaba a alguien, aunque no estuviera de acuerdo con sus ideas.
En el lenguaje más actual, eso significa la congruencia, entre nuestra mente y nuestros actos.
Un ejemplo grandioso de eso es el gran Pepe Mujica, recién fallecido, ex presidente de Uruguay, como muchos del cono sur de Sud América, era un creyente del socialismo, en cuerpo y alma, fue activista, guerrillero, purgó condena en la cárcel, y al ser liberado, siguió peleando por sus ideales, hasta llegar a dirigir a su país, pero, siempre trabajó, con humildad, y en sus alocuciones hablaba del valor de todos los actores de la economía. Calificaba de “bobos” a quienes buscaban destruir o reprimir a los empresarios, en su vida personal, siempre trabajó y vivió humildemente, rodeado de libros que sí leyó.
En el caso de México, con excepción de Heberto Castillo, el abanico para seleccionar socialistas respetables, es muy escaso, Don Heberto era sabio y congruente, no temió a la justicia.
Sin embargo, la mayoría de quienes fanfarronean de ser luchadores socialistas, se embriagan con el glamour más barato de todos, desde la marca de sus teléfonos celulares, la marca de sus autos, comilonas en restaurantes de postín, presumen de sus viajes al exterior, nunca de recorrer las zonas pobres o faltas de recursos en nuestro Mexico.
El campeón en ese glamour barato y descarado, es obviamente, Fernández Noroña, quien incluso vivió por años en un hotel de lujo con cargo al erario, en CDMX, algo incorrecto, por ser originario de un arrabal de esa ciudad.
Al igual que los otros rábanos (rojos solo por fuera), acude al trillado argumento de que se les critica por envidia, es claro ese razonamiento en la cultura carroñera en que creció, quienes conocemos a verdaderos ricos, gente que acumuló sus fortunas con trabajo y cuidado, que evitan ese gasto estúpido, precisamente, porque saben que el glamour es una de las formas más rápidas de acabar con una fortuna.
Un ciudadano “osó” señalarle su incongruencia al hediondo personaje, en una sala VIP de una línea aérea, y tenia sentido el reclamo, el solo diferencial en el costo del pasaje del sujeto, hubiera servido para pagar un tratamiento de un niño canceroso, o algo de esa seriedad, y le personaje, prefirió “castigar la ofensa”, haciendo uso indebido del personal legal del senado, para intimidar al ciudadano , quien finalmente, tenia razón; que explique por qué gasta de más, en viajar más cómodo, cuando lo más que hubiera llegado sin el gobierno es a indios verdes.
Feos tiempos vienen y al parecer, se acaban nuestras oportunidades de impedirlo.
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