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| Una modelo posa con un diseño de crin del caballo, en Quito (Ecuador). EFE

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Crin de luz, la propuesta de alta costura que fusiona arte, tejido y naturaleza en Ecuador

  Por EFE

Publicado el lunes, 13 de mayo del 2024 a las 10:41


Tres ecuatorianas juntaron sus talentos para crear la marca Sigiluz

Quito .- La crin del caballo y la luz led crean una fibra luminosa que se incorpora a prendas de vestir de alta costura, en una propuesta sofisticada de moda que fusiona arte, tejido y naturaleza, y que ha sido ideada con el talento surgido de un cerro de los Andes de Ecuador.

Iza Páez, Natalia Zurita y Kathy Lagña son tres ecuatorianas que juntaron sus talentos para crear la marca Sigiluz, una ambiciosa propuesta de alta costura que busca brillar con luz propia en las pasarelas del país y del mundo.

Sigiluz presentó su primera colección de prendas en el contexto de moda consciente y artística, y hará una nueva salida al público entre el 14 y 18 de mayo en el Museo Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito.

Con menos de un año en desarrollo, Sigiluz ya piensa incluso ir a Europa por considerar que la iniciativa está a la altura de las exigencias de la moda contemporánea mundial.

La iniciativa de Sigiluz

El verano próximo, entre junio y julio, una muestra de Sigiluz estará en Portugal para presentarse en Lisboa como reconocimiento a la ciudad de la “luz buena”, comentó a EFE Iza Páez, una artista y diseñadora que nació en el Ilaló, un pequeño volcán en forma de cerro que se yergue en uno de los valles que circundan Quito y que le sirvió de inspiración para idear su propuesta.

En esa zona también se asienta la pujante localidad de Guangopolo, donde viven los artesanos más hábiles en el uso de las cerdas de crin de caballo, sobre todo en la confección de cedazos para uso en la cocina.

De ese pueblo es oriunda Kathy Lagña, hábil al elaborar las fibras de crin donde se colocan las luces led para las prendas de moda que se juntan con otros materiales, siempre naturales, como algodón, lana, seda, piedras, cristales o cobre.

El resultado son prendas luminosas que resaltan sin escándalo, sobre todo en la noche, cuando los vestidos adquieren una dimensión universal.

La unión de tres mujeres

El proyecto unió a las tres mujeres en el Ilaló, donde empezaron una búsqueda de materiales que permitieran “dar más textura” a las creaciones y fusionarlos con la luz, comentó Iza, quien depositó el vínculo con la tierra en Natalia Zurita, su compañera de proyecto y arquitecta apasionada por la naturaleza.

Iza incluso ha desarrollado un pequeño dispositivo que se esconde en las prendas a manera de un interruptor invisible, lo que facilita el encendido y apagado de la luz led y también la recarga de energía de la prenda a través de un cable USB.

“ Ahora la tecnología está abrazándonos en cada una de nuestras actividades” humanas, pero también los materiales naturales que encaran al plástico y la confección personalizada que surge de las manos de artesanos, agregó Natalia, que observó igualmente el acercamiento de la cosmovisión andina en toda la propuesta de Sigiluz.

El uso de crin

Recordó, por ejemplo, que en el pasado las madres de la región colocaban una pequeña trenza confeccionada con crin a sus niños para que los seres de los que se extrajo el material “cuiden su sueño”.

Ella llamó a las prendas “amuletos simbióticos” porque supone el uso de la tecnología en “alianza con la naturaleza” en una propuesta de “expansión de la conciencia” sobre el cuidado del ambiente.

Kathy, la artesana del grupo, demostró su talento al elaborar las fibras. Ella escoge doce hebras del pelo de caballo casi invisibles, las mide, alinea a la perfección, las tuerce para que adquieran la textura de hilo y remata con un nudo.

Hasta doce metros de la fibra natural en un día puede elaborar, pero su trabajo también consiste en vestir las luces led con los hilos de crin.

Aunque la materia prima proviene del interior del país o de Colombia, el proyecto prefiere aquel crin que Natalia suele traer del páramo, donde logra acercarse a los caballos de tal forma que parece que los animales aceptaran que ella les corte sus cabelleras.

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