Desde el pasado 1 de abril, fecha en que el Instituto Nacional Electoral (INE), decidió posponer los comicios con los que se renovaría el Congreso local en Coahuila y hasta el día de ayer, la Secretaría de Salud ha venido dando cuenta constante del incremento en el número de casos del nuevo coronavirus y de las defunciones acumuladas en nuestro estado por dicha causa.
Los datos evidencian que la pandemia es mucho más cruda y peligrosa de lo que inicialmente asumieron las autoridades. Y es que ante la realidad, atrás quedaron las aspiraciones de control y prevención que nuestros gobernantes intentaron establecer. Esta situación, nos obliga a prorrogar indefinidamente todo tipo de medidas de precaución, incluso a agudizarlas cada día más, dada la susceptibilidad que hemos mostrado los coahuilenses.
Así pues, en esta incertidumbre sin precedente e indefinida, debemos admitir que lo que menos nos debe preocupar –o mejor dicho, en lo último que podemos pensar– es precisamente en la reanudación de la mencionada elección en suspenso, dado que por ningún lado se ve la salida de esta crisis sanitaria. Es decir, que las condiciones actuales de anormalidad en nuestra vida, hacen improbable y hasta absurda la idea de celebrar en este momento, un proceso electoral de manera ordinaria.
Sin embargo, extrañamente en nuestro estado, existen voces que urgen para la realización inmediata del proceso electoral, haciéndose de la vista gorda, ante la falta de condiciones para celebrarlo. Estas cuantas personas que buscan obligar a los ciudadanos coahuilenses a preparar y participar en una elección poco conveniente, sin duda abrigan la esperanza de beneficiarse con un proceso electoral poco concurrido. Situación que probablemente será una realidad, y es que, precisamente ayer los consejeros del INE acordaron los días 22 de este mes de junio, o 12 de julio próximo, como fechas probables de reanudación del proceso.
Para quien dude de lo inoperante que será una elección en fechas de pandemia, le invito a imaginar un proceso eleccionario con impedimentos, hasta para desarrollar las propias campañas electorales, dado que las mismas deben realizarse en espacios públicos y con concentraciones de simpatizantes, lo que está prohibido o contraindicado por los epidemiólogos serios.
Además, debemos aceptar que de llevarse a cabo, tendremos una elección en la cual no se podrá capacitar en grupo a ciudadanos que fungirán como funcionarios de casilla en
la jornada electoral –bueno, si acaso hubiera voluntarios dispuestos a participar tanto en la capacitación– como en las casillas, ya que ese día, deberán interactuar con el cumulo de votantes que por alguna causa extraña decidan acudir a emitir su voto en lugar de seguir cuidándose de un contagio y romper con el encierro, que hasta hoy se nos ha sugerido, lo que difícilmente pasará.
En resumen, es evidente que las condiciones actuales no son aptas para realizar una elección en nuestro estado, al menos no si el deseo es tener un proceso electoral verdaderamente democrático, concurrido y sin incidentes.
Aunque quizá para algunos, ahora es cuando las condiciones son idóneas, para manipular el desarrollo y resultado de una elección que seguramente será poco protagonizada y vigilada por la ciudadanía. O lo que es lo mismo, “cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta”.
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