Dimos el último adiós a un hombre que adoptó a Saltillo como su destino final, aquí llegó a los 16 años, procedente de la hacienda La Gruñidora, una antigua y rica finca ganadera fundada en 1836. Actualmente es un histórico caserío semidesértico ubicado en el municipio de Mazapil, Zacatecas (cerca de Villa de Cos).
No fue fácil ni la infancia, ni la juventud para Juan Espinoza Montoya, huérfano de padre, “fue adoptado” por uno de sus tíos, por decisión de su mamá, ante lo entendible falta de recursos para mantener la familia, pues el jefe del gremio era el único sostén, como empleado de los ganaderos de La Gruñidora.
A los 15 años, Juanito viajaba como “machetero” con el tío, que tenía un camión dedicado al flete y a la mudanza a cualquier parte del país. Hasta que un día, después de cumplir los 16, sufrió el trauma más terrible de su vida. “Ahora sí mi hijo, cada quien va tomar su propio camino”, y lo dejó con una pequeña maleta, con poca ropa y 100 pesos, en el periférico de Saltillo a la altura de La Nogalera.
El chamaco, sorprendido y desorientado, tomó el camino hacia el norte, hasta llegar a las vías del ferrocarril de Coss e Hidalgo, donde debajo de un puente encontró un escondrijo “donde vivir”. Se hizo de un oficio, bolero en los Autobuses Anáhuac muy cerca de ahí. Hasta que un hombre lo invitó a trabajar en Cifunsa, donde el chamaco hizo toda una carrera, en el área de ventas del famoso consorcio de los López del Bosque.
Don Juan Espinoza Montoya, hombre de recio carácter, formó una familia al lado de su esposa Vicenta Pinales, con quien procreó a Nancy, Juan y Enrique.
Descanse en paz, mi amigo y mi compadre.
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