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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 3 de marzo del 2021 a las 03:47
Madrid, España.- Hace 25 años fallecía en París la escritora Marguerite Duras, mundialmente conocida por su libro El Amante y reputada en Francia aún al día de hoy por su carácter agriado. Una imagen que no basta para explicar al mito detrás de la escritora que simplificó la escritura y asentó la autoficción.
Marguerite Germaine Marie Donnadieu (Saigón, 1914-París, 3 de marzo de 1996), conocida como Duras, es uno de los rostros clave del siglo 20, pero el éxito de una de sus últimas novelas, El Amante, premio Goncourt en 1984 y un fenómeno literario que logró vender hasta un millón de ejemplares en poco tiempo, eclipsó la diversidad de su obra.
Refugiada detrás de su máquina de escribir en un apartamento parisino, cortando a su interlocutor con cierta soberbia y opinando de todo (desde literatura y política hasta el último suceso violento aparecido en la prensa amarilla), Duras es a menudo recordada como una viejecita senil que divagaba en círculos sobre su vida.
“Hemos guardado la imagen de la última Duras. Era un personaje complejo y diverso, pero 25 años después de su muerte podemos alejarnos de esa personalidad tan fuerte que ha llegado a ahogar la complejidad de su obra”, constata la editora Sophie Bogaert, especialista en la obra de Duras.
Para Bogaert, Duras es un clásico de la literatura francesa que ha marcado a las generaciones posteriores de escritores que han seguido también la vía de la autoficción.
“Esta corriente viene en buena parte del trabajo que Duras inició a principio de los años 80, que en su época era experimental, valiente e innovador. Esa manera de escribir a partir de lo cotidiano y lo banal, mezclando continuamente con la ficción, de forma que uno ya no sabe lo que es inventado, es muy de Duras”, añade.
No es el único rastro de Duras presente en la literatura francesa contemporánea: en sus manuscritos se observa una voluntad casi obsesiva de simplificar y simplificar, que consolidó un estilo parco y sobrio, pero no simple de fondo, que ha creado escuela.
Escritoras como Ana María Matute, Annie Ernaux, Camille Laurens o la directora de cine Isabel Coixet, han sido influidas por su trabajo.
La escritura y la vida
La directora francesa Lise Baron acaba de lanzar en Francia el documental Marguerite Duras: L’écriture et la Vie (La Escritura y la Vida), creado por la productora Les Nouveaux Jours para France Télévisions, un intento de ofrecer una visión más pedagógica de la vida y obra de la artista, mostrando todas las piezas del puzzle Duras.
“La densidad de su vida es fascinante. Vivir solo uno de los periodos de la vida de Duras bastaría para tener una vida prodigiosa”, dice Baron a EFE.
Resuelta a que el público la lea con otros ojos tras ver su película, Baron confiesa haberse deshecho de los clichés que tenía sobre la autora antes de empezar su investigación.
“Detrás de la mujer de 80 años con jersey de cuello alto y falda larga, no me imaginaba una mujer tan comprometida y anclada en su siglo. Cuesta pensar que una sola persona haya podido tener una vida política y activista tan rica y al mismo tiempo una vida creativa tan amplia”, constata Baron.
Así, si algo es evidente 25 años después de su muerte, es que comprender la obra de Duras dejando a un lado su vida es tan difícil como mirar su vida sin prestar atención a su literatura. Quizás porque ella misma comprendía su propia complejidad, cuando las preguntas se volvían demasiado personales respondía sin dar más detalles: “Todo está en los libros”.
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