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Curiosidades en el sistema capitalista

Por Federico Muller

Hace 5 años

Para algunos historiadores, estimado lector de esta columna, los acontecimientos económicos y sociales tienen la peculiaridad de repetirse, a través del tiempo, aunque con diferentes resultados y rodeados también de distintas circunstancias. De acuerdo con ellos, eso sucede porque la naturaleza del hombre es intrínsecamente la misma, independientemente de que haya vivido en la época de las cavernas o su apartamento esté asentado en la Quinta Avenida de Nueva York en pleno siglo 21.

La teoría económica se ha encargado de estudiar esos aspectos mediante la revisión de las oscilaciones (ciclos) que se observan en el crecimiento económico de los países. Altas y caídas del PIB, debidas, entre otras causas, al comportamiento impredecible de los inversionistas; otras ocasiones han sido los intereses políticos los que han provocado cambios repentinos en el modo de producción de las actividades productivas, desencadenando revueltas populares que derivaban en sistemas democráticos o regímenes totalitarios. Conductas humanas similares desfasadas por el tiempo.

Un ejemplo de ello, ha sido la actitud que han asumido algunos empresarios ante las erogaciones monetarias que hacen a sus trabajadores asalariados, así como en el pago de impuestos. En Detroit (Michigan), a principios del siglo 20 el empresario Henry Ford voluntariamente dispuso incrementar el sueldo de sus empleados con respecto a lo que pagaban otras compañías estadunidenses. El incentivo económico lo utilizaba para aumentar la capacidad adquisitiva de sus trabajadores, y en especial para que pudieran comprar un Ford T, que en aquel entonces era el favorito de los primeros automovilistas en el país. Muchos años después (2015), otro magnate estadunidense, pero del sector financiero, en un gesto de buena voluntad, aumentaba las percepciones económicas a sus subordinados, que percibían salarios inferiores al resto de sus asalariados; el ingreso anual base sería de 70 mil dólares.

Los motivos que movieron a ambos industriales a flexibilizar los sueldos y salarios, sin duda han sido muy diferentes: el primero buscaba un rápido retorno de su inversión aumentando las ventas, y el otro, al menos desde una perspectiva más explícita, mejorar la calidad de vida de sus empleados, pero quizá también pretendía que al subir las remuneraciones creciera la productividad del trabajo, aunque la crítica especializada lo considera un CEO atípico que ha hecho declaraciones inusuales y muy fuertes en contra de sus “colegas”, al criticar el monto de sus aportaciones destinadas a la filantropía.

Otro cariz del sistema capitalista que es poco frecuente de observar en el comportamiento de los dueños de los medios de producción, es la conducta pro-impuestos. Para sorpresa de propios y extraños, el año pasado (2020) y a raíz de los estragos que causaba la pandemia en los sectores productivos de la economía, para variar también iniciaba en Estados Unidos, aunque se extendía rápidamente a Europa y Asia, un reducido, con respecto al total mundial, grupo de empresarios solicitaba a sus respectivos gobiernos el pagar más impuestos. Lo hacían mediante la redacción de una misiva, en la cual firmaban el compromiso de solidarizarse con el esfuerzo de millones de trabajadores para salir adelante de la peor crisis de salud en los últimos 70 años.

Casi un año después de este inesperado “gesto” de algunos millonarios, el presidente Joe Biden proponía pasar del 21 al 28% el tributo que pagan las empresas, que se caracterizan por su “mega” tamaño. Sin duda una decisión menos emotiva la del Mandatario estadunidense, que financiaría en parte sus planes de reactivación económica.

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