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Custodia INAH cráneos del Palacio Negro de Lecumberri

  Por Notimex

Publicado el viernes, 19 de diciembre del 2008 a las 02:49


Más de un centenar de cráneos masculinos que pertenecieron a los primeros criminales recluidos en la antigua penitenciaria de es

Ciudad de México.- Más de un centenar de cráneos masculinos que pertenecieron a los primeros criminales recluidos en la antigua penitenciaria de esta ciudad, mejor conocida como Palacio Negro de Lecumberri, son parte de la colección osteológica que resguarda el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La famosa cárcel de Lecumberri, hoy sede del Archivo General de la Nación, también funcionó desde su fundación en 1900 y hasta su cierre en 1976, como centro de investigación y documentación de los restos óseos de aquellos presos que murieron al interior del mismo.

Hoy, los 125 cráneos de esta serie se conservan en las bodegas del MNA y presentan marcas de los cortes que se les realizaron durante la autopsia, así como clavos y resortes que sirvieron en el momento que fueron exhibidos en una especie de museo que existió al interior de la penitenciaria.

José Concepción Jiménez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) , mencionó que estas piezas han servido para realizar estudios sobre las modificaciones morfológicas que sufrieron los hombres a lo largo de la historia.

Así como para definir diferentes aspectos culturales, como la alimentación y tipo de enfermedades, entre otros, a partir del análisis del ADN y del desgaste en piezas dentales.

“Estos cráneos corresponden a los reos que ingresaron a la penitenciaria durante sus primeros años y fueron incorporados en las primeras décadas del siglo XX a la Colección Osteológica del INAH, formada por más de 20 mil esqueletos” , añadió el experto.

“Han sido sometidos a estudios para la obtención de información que ha permitido identificar aspectos, como los niveles de estrés a los que fueron sometidos y procesos de formación de caries, entre otros padecimientos que sufrieron en vida” explicó.

Los creadores del Palacio Negro de Lecumberri planearon desde un inicio la formación de dos áreas al interior del penal.

La primera de ellas estuvo destinada a la recopilación de información personal de los reos (huellas, profesión, nombre, delito) y la segunda funcionó como laboratorio de antropología. En esta última fue donde se llevaron a cabo los diferentes análisis de los restos óseos de los presos muertos.

El antropólogo físico comentó que los reos, al entrar al penal, firmaban un documento por medio del cual cedían sus restos óseos al Estado en caso de morir antes de cumplir su condena.

“Cuando morían los reclusos eran sometidos a estudios clínicos y antropológicos, de los cuales se desprendía información relevante para definir ” distancias biológicas “, con hombres de otras épocas como la prehistórica y prehispánica, características de mestizaje y morfológicas; se realizaban pruebas craneométricas, es decir, se medía la capacidad craneal de los individuos” , puntualizó Jiménez.

Ejemplo de ello es el cráneo número 90 de la colección de criminales que perteneció a Jacinto Dorantes Becerril, preso 691, catalogado en ese entonces como mestizo originario del Distrito Federal y de actividad comerciante.

Según su cédula informativa, era casado y tenía 43 años de edad, profesaba la religión católica e ingresó al penal el 17 de junio de 1904 para purgar una condena de 12 años por homicidio. Murió de gastroenteritis aguda.

Otro de los cráneos que ocupa el lugar 91 en la serie, perteneció al reo número 1124, de nombre Gregorio Velásquez. Nació en el Distrito Federal y era jornalero; al ingresar al penal tenía 33 años de edad y fue sentenciado a seis años con seis meses por homicidio. Murió el 24 de febrero de 1910 de una colusión intestinal.

Si bien el Palacio de Lecumberri fungió como prisión durante 76 años (1900-1976) , desde su origen contó con un perfil enfocado a la investigación antropológica alejada de los estudios criminales; dichos trabajos estaban dirigidos, principalmente, a los procesos morfológicos que modifican las estructuras óseas cada cierto lapso.

El estudio de esta colección de cráneos permite obtener valiosa información que ayuda a una mejor comprensión del pasado y una mayor interpretación del presente.

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