Arte

Publicado el domingo, 19 de septiembre del 2021 a las 04:10
Saltillo .- “A un concierto no voy con los ojos del reportero para escribir una nota, una crónica o cualquier cosa, sino que voy como un espectador más que registra todas las cosas”, dice el escritor Carlos Velázquez, melómano consumado y adicto al rock&roll que regresa a las memorias electrizantes de su roce con el diablo en Mantén la Música Maldita (Sexto Piso, 2020).
Libro en el que el lagunero demuestra que a él, como a todo buen fan de la música, le queda una memoria en el cuerpo aunque, apunta, “no es una cápsula donde tengas todos los recuerdos que has tenido, pero siempre queda una sensación y eso es lo que te acompaña todo el tiempo. Eso es la que está encadenada al texto, es la que hace que me siente y tenga la capacidad de revivir un poco lo que sucedió en ese momento”.
Pero Mantén la Música Maldita, que se presenta hoy en la Feria Internacional del Libro de Coahuila (FILC), es más que un compendio de historias hilvanadas al ritmo de los riffs de guitarra, al punk de Marky Ramone, o la energía de Lee Ranaldo; también se conforma de miradas a ver qué sucede después de un concierto, cómo afecta eso al personaje que es Velázquez, y cómo este se desenvuelve en la plática con alguien como Adrián Dargelos, de Babásonicos, o quizá la remeramoración de una experiencia iniciática: como la primera vez al escuchar el Mellon Collie and the Infinite Sadness, de The Smashing Pumpkings.
Pues todo ello forma un panorama vital que Velázquez ha conformado con sus experiencias musicales que van más allá de “escuchar discos que sí, es una parte importante de mi relación con la música, pero también están otras cosas: buscar nuevas bandas, leer sobre música y tratar de identificar qué es aquello que me atrae y con lo que me siento identificado. Para mí escuchar música también es un proceso muy introspectivo”, señala y agrega que “ahora el algoritmo de Spotify te recomienda bandas que, según, deberían gustarte, pero que cuando las escuchas sientes que no tienen nada que compartir contigo. Creo que esa esa otra parte de mi relación con la música: saber que allá afuera hay bandas que me van a gustar, pero que tengo que salir a buscarlas”.
Así, el libro se convierte en un testimonio, sin nostalgia, de la relación que ha conformado Velázquez con esa música, su evolución y decadencia: con una mirada personal, subjetiva y crítica ante lo que sucede hoy en el panorama del rock.
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Definitivamente no estoy tratando de sentir lo que sentí en mi primer concierto, lo que yo busco antes que nada es acudir como un amante de la música y, honestamente, las experiencias siempre son distintas y varían: algunas buenas, otras no, pero siempre queda algo de ellas. Pero para mí, la nostalgia opera en un nivel en el cual no hay una gran importancia”, explicó el autor a Zócalo, en entrevista.
Aún así, el autor de La Biblia Vaquera, apunta también, que es innegable que existen “fenómenos extraños que pasan cuando escuchas a una nueva banda y te hace decir ‘no sentía algo tan intenso como cuando escuché a esta otra hace 30 años’”, y también viceversa: poder decir que una banda –así sea una de sus favoritas– ya debe retirarse.
Para él, la crítica musical que hace desde sí mismo, es la de alguien que ama la música, no la de un fan, pues estos “dejan su capacidad autocrítica y se entrega ciegamente a lo que cualquier artista ofrezca. En el caso de Metallica, por decir algo que está sucediendo ahorita mismo, que es una banda de mierda desde hace más de 20 años, pero es hasta ahorita cuando los metaleros están abriendo los ojos y se están preguntando: ¿qué está pasando con esos cabrones? Y eso te hace decir ‘¿neta te acabas de dar cuenta de eso?”, concluyó.
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Por eso creo que este libro no es de crítica en el sentido teórico con una metodología establecida, pero sí personal, porque hay muchos señalamientos hacia lo que estoy consumiendo. Porque sí es mi punto de vista, pero uno en el que no me hago pendejo en relación a lo que consumo porque, aunque suene bastante simple, hay buena música y mala música y de ahí viene el título: mantén la música maldita, que viene a significar algo como sigue escuchando buena música, no te quedes nada más con la superficie”, concluyó el autor de El Pericazo Sarniento.
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