Espectáculos

Publicado el martes, 20 de enero del 2009 a las 16:00
Dublín.- David y Victoria Beckham, una de las parejas-marca más famosas del mundo, tal vez no han leído nunca “Macbeth” o ninguna otra obra de William Shakespeare, pero un musical irlandés los ha transformado en un trágico dúo digno de la pluma del escritor inglés.
“Macbecks” se estrenó en Dublín el pasado 14 de enero y, poco a poco, se está convirtiendo en un fenómeno con visos de traspasar las fronteras de esta isla y cumplir así con las expectativas de sus dos autores, Malachy McKenna y Gary Cook.
Por él desfilan David, Victoria, Alex Ferguson, Sven Goran Eriksson, Wayne Rooney, Rebecca Loos y muchos más. Pero una advertencia, el musical contiene escenas “picantes, deporte, sexo, famosos y algo de futbol blando”, según los autores.
Basada vagamente en la conocida obra del bardo de Avon, la acción transcurre en la Inglaterra Isabelina del siglo 17. El fútbol, como deporte, está todavía dando sus primeros pasos y los campos de juego están poblados de jugadores calvos, feos, patizambos y Turno para las Spice Witches (las Brujas Picantes), entre las que se encuentra Poshoria (Victoria), quien decide usar sus negras artes para crear al futbolista perfecto: Macbecks.
Lo seduce y se inicia una relación de cuento de hadas entre una bruja que, al parecer, también canta, y un centrocampista bellísimo y con un pie derecho de seda no muy dado a juntar más de cuatro o cinco palabras seguidas.
Pero la tragedia acecha a la deslumbrante pareja. El dúo amoroso se convierte en un trío con la llegada S’Alex (Sir Alex Ferguson), su estricto y paternal entrenador, a quien no le gusta nada ver cómo Poshoria convierte a su jugador en una especie de atracción de circo, en un metrosexual.
El musical llega a recrear la ya infame escena ocurrida en el vestuario del Manchester United después de que los “Reds” perdiesen en su estadio ante el Arsenal un partido en el 2003.
Según la prensa de la época, a David le dolió el orgullo, mientras que a Victoria le dolió el bolsillo. Al fin y al cabo, su marido ya ganaba casi más dinero con su cara que con sus piernas.
desdentados.
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