Coahuila
Hace 3 años
La familia Patlán utilizaba pieles de cerdo que Alanís desechaba
Al inicio de la década de los 40 del siglo pasado, llega a Saltillo la familia Patlán Villegas, cuyo jefe de familia trajo la técnica del proceso del limpiado de las pieles de cerdo y la elaboración del famoso chicharrón durito, que pusiera el nombre de Saltillo a nivel mundial como productor número uno de la materia prima para elaborar esa fritura a través de una empresa local dedicada a la venta del “pelet”, para el chicharrón durito, tanto a nivel nacional como internacional.
La historia de los Patlán se remonta a Dolores Hidalgo, Guanajuato, de donde son originarios, que por azares del destino tuvieron que emigrar hacia el norte y escogieron Saltillo para quedarse.
Todo comenzó en 1945 con la llegada de don Valentín Villegas y su yerno Cruz Patlán Ortiz. Ambos hacendados en Dolores Hidalgo, que dejaron todo por presiones de los caciques del lugar y con tan sólo su férrea voluntad se instalan en esta ciudad capital coahuilense.
El factor suerte y el deseo de subsistir les permitieron desarrollar una industria casera que ha sido ejemplo para grandes empresas, que ahora dominan el mercado del chicharrón durito.
Al principio, los señores Alanís, los dueños de la famosa salchichería, no sabían para qué servían los cueros del cerdo y los incineraban, pues todavía no se utilizaban ni para el forro de los zapatos.
Entonces los Patlán llegaron a preguntar por el precio de las pieles del cerdo, y uno de los señores Alanís, condescendiente e ignorante de su utilidad, les dijo que se las regalaba todas.
Y como pudieron las trasladaron al modesto procesador que tenían los Patlán en su domicilio de la calle Dionisio García Fuentes.
Ahí la mamá de los Patlán Villegas, doña Soledad, se encargaba de prácticamente rasurar las pieles de los marranos para dejarlas limpiecitas, y que los señores Villegas y Patlán prepararan el material para hacer primero el pelet y luego el sancocho o cocido de la piel.
Y resulta asombroso ver cómo en el cazo con el aceite hirviendo, un pedazo pequeño de cuero de marrano, se extiende increíblemente, hasta obtener la forma de los tamaños que aún se venden en la ciudad.
Elaboraron dos aparadores de lámina y vidrio y recorrieron por primera vez en 1945 las calles de Saltillo, ofreciendo el sabroso y apetitoso producto que ahora con orgullo es sello de garantía y originalidad, que también identifica a la capital de Coahuila en el mundo, porque de aquí se surte el pelet, o sea el pedazo de cuero crudo para ser procesado en las fábricas de frituras a través de la empresa ASESA, netamente saltillense.
Seguramente usted vio o ha visto por las calles de esta nuestra ciudad a algunos vendedores de chicharrón durito en aparador, rociado con la sabrosa y picante salsa o el pico de gallo, pues todavía son rescoldos de aquella progresista miniindustria de los Patlán, que en su época de gran auge lograron tener más de 30 vendedores y sostener con su producto a más de 50 familias saltillenses.
Al fallecer los señores grandes, Luis Patlán Villegas se queda con el negocio. Él se retira y lo encarga a sus hijos Juan Antonio y Eduardo Patlán Salas, quienes continuaron con la tradición. Los expendedores han disminuido por la competencia de las frituras embolsadas de chicharrón durito para darle mejor presentación.
Más sobre esta sección Más en Coahuila