Queridas amigas y amigos, apenas hablábamos la semana pasada de la Conabio y ya tengo que referirme a la CNDH.
Como ustedes saben, este jueves fue nombrada la nueva titular de la CNDH y si bien es cierto, es de celebrarse que una mujer encabece tan alta tarea, también es cierto que el proceso, mediante el que esto logró ser una realidad, carece de toda legitimidad.
La discrecionalidad con la que se interpretó la ley –y no solo la ley– sino la propia Constitución, ha sido escandalosa por decir lo menos, el descaro del grupo mayoritario de Morena al imponer a una mujer, que no cumple con el perfil que se requiere para conducir los trabajos en materia de Derechos Humanos en nuestro país.
Por supuesto, es de reconocer la formación académica y profesional de la señora Piedra Ibarra como sicóloga y sicopedagoga, lo mismo que su lucha por la democracia y derechos humanos.
Desde el año 2000, México dio inicio a una nueva etapa en su historia, una etapa de consolidación del esfuerzo incansable de diversos activistas y también de todos y cada uno de los mexicanos que hicimos posible el cambio hace 19 años.
Así que la lucha de la señora Piedra no ha sido un esfuerzo aislado, independientemente de la pertinencia de contar con un perfil más idóneo al frente de la Comisión, la ilegitimidad no solo enturbia la ocasión de que esta responsabilidad recaiga de nuevo en una mujer, lastima la credibilidad en las instituciones y ofende la lucha por la defensa de los Derechos Humanos.
La semana pasada les comentaba sobre la caída del muro de Berlín y se pensará que no tiene relación, sin embargo, esto ocurrió hace 30 años y por aquellas mismas fechas se creaba la Dirección General de Derechos Humanos en la Secretaría de Gobernación y un año más tarde, en 1990 nació por decreto presidencial la Comisión Nacional de Derechos Humanos, como un organismo desconcentrado de dicha Secretaría y fue hasta 1992 que la CNDH se elevó a rango constitucional, como organismo descentralizado, es decir con personalidad jurídica y patrimonio propios, con lo que se dio paso al Sistema Nacional No Jurisdiccional de Protección de los Derechos Humanos y siete años más tarde la CNDH quedó constituida con plena autonomía de gestión y presupuestaria.
Sin embargo, sus antecedentes más lejanos en nuestro país, los identificamos desde mediados de los años setenta, por ello hablar del esfuerzo que nos ha costado, no es una forma de decir las cosas y podremos no coincidir en el perfil de quien pueda asumir como titular de la Comisión, pero lo que es inaceptable –en todos los sentidos– es el atropello a la ley y a más de 40 años de trabajo, colocando por primera vez como titular de la CNDH a una militante del hoy –partido oficial– que incluso acaba de ser candidata a puesto de elección popular.
La maestra Piedra que se ha manifestado siempre como una abierta activista de los derechos humanos, ha debido saber de la importancia de mantenerse en una posición neutral, en virtud de la esencia de su lucha, la defensa de los derechos humanos carecerá por siempre de color.
Y así bajo esa “forma” de hacer las cosas, e insisto, bajo la abierta intención de saltarse toda ley para imponer las apreciaciones personales del Presidente, ahora la Cámara de Diputados se encuentra paralizada desde hace más de una semana.
No omito mencionar que esta crisis inició con la inconformidad del grupo mayoritario de Morena, sobre las reformas a la Ley de Instituciones de Crédito al perder la votación, que se sumó a las manifestaciones de los alcaldes de todo el país en el propio recinto de San Lázaro ante los recortes presupuestales y ahora por el bloqueo por campesinos y productores del campo a las instalaciones de la Cámara de Diputados.
Es urgente que los diputados y senadores de Morena, asumamos la investidura que los electores nos han conferido para representar sus intereses y ponganmos fin a estas innecesarias condiciones de inestabilidad que están ocasionando, porque ciertamente el pueblo es bueno y sí, el pueblo es sabio y se da cuenta.
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