Vaya espectáculo tanto de la mansión de 12 millones de pesos del senador de Morena Gerardo Fernández Noroña, adquirida hace apenas nueve meses, como el visto en el ring del Senado de la República. No hay duda que Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, está en mucho mejor forma que el flácido Noroña, a quien recomendamos que en su enorme jardín del predio de mil 200 metros cuadrados que tiene en Tepoztlán, haga ejercicio en medio de sus múltiples macetas pletóricas de plantas de todo tipo.
Hemos de decir que después de haber visto algunas imágenes del interior de la residencia, la decoración deja mucho que desear. No obstante, no deja de sorprender, pero sobre todo de indignar, el enorme contraste entre la vivienda donde habitaba el senador en una vecindad del Centro Histórico de la CDMX, con su nueva finca. “Agárrense, porque ya no quepo en mi casa. La bonanza de libros y arte popular me está matando”, declaró en febrero del 2020 (Reforma).
Noroña tiene la piel muy delgadita, no aguanta ni los golpes físicos ni los de la crítica de la opinión pública. Cada vez que intenta defenderse, se diría que está siempre al borde de las lágrimas. Siempre se hace pasar como víctima cuando en realidad es él quien se comporta como agresor, vulgar y mentiroso.
En relación a su reciente adquisición, ¿cuántos salarios mínimos se necesitarían para comprar semejante patrimonio? Para colmo, está ubicada en un terreno comunal, lo cual hace prácticamente imposible su adquisición como la presume Noroña; además habría que considerar que si la casa fue comprada mediante un crédito hipotecario, sería justo y necesario que el senador presentara el título de propiedad para aclarar las dudas. Por añadidura no se le otorga una hipoteca de 12 millones a una persona de su edad, 64 años. ¿Cuánto pagó de enganche, a cuánto ascendían sus ahorros y a qué maniobras recurrió para que le otorgaran la posesión de la propiedad?
Después de haber leído el espléndido reportaje de Víctor Osorio (Reforma, 24/08/2025), me llamaron la atención las declaraciones del Presidente Municipal de Tepoztlán, Perseo Quiroz Rendón, en relación a quienes planean adquirir un terreno o casa en esa zona: “Usualmente son personas con alto poder adquisitivo las que desafortunadamente están construyendo en estas zonas. Además, tema curioso, son de personas que en el discurso son artistas, son conscientes, son personas liberales, de la izquierda y defensoras del ambiente, pero que quieren tener su gran casa en la zona protegida con una vista increíble”.
¿Con cuántos comuneros de la región no habrá hablado el senador de Morena? Es sabido que los comuneros de Tepoztlán y sus alrededores tienen más poder que quien gobierna el estado de Morelos. Ellos son los que mandan y por lo tanto deciden quiénes pueden “tomar posesión” de una propiedad. Para ellos “tomar posesión” no significa “comprarla”, por lo general se hereda entre los familiares de los comuneros; es una costumbre de siempre. De allí que suponemos que Noroña haya hecho valer sus influencias como presidente de la Cámara de Senadores de la 4T.
Imaginamos que el presidente municipal Quiroz padece esta situación, porque él sostiene que ya no cabe ni un alma más en Tepoztlán: “…por todos lados nos intentan presionar. Tenemos desde políticos hasta empresarios y gente que tiene amigos en las altas esferas de los poderes, tanto económicos como políticos. Es bien complicado poder tener firmeza en estos temas, porque por todos lados te llega la presión”.
Noroña es un político turbio, aprovechón, llorón y, por si fuera poco, de muy mala fe, por eso yo no le creo a su discurso manipulador y muy hipócrita. Quien perdió en el ring del Senado fue él, por eso insiste en su X: “Ya estamos por iniciar la denuncia penal contra los legisladores del PRI Nacional, que nos agredieron cobardemente: ‘Alito’ Moreno, Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla, Alonso Erubiel Lorenzo. Además participó Rubén Moreira Valdez”. No podemos dejar de mencionar dos hechos que incrementaron el ridículo durante el zafarrancho, la forma desangelada de entonar el Himno Nacional y la caída del fotógrafo de Noroña. ¡Pobre país!
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