Coahuila

Publicado el sábado, 14 de febrero del 2026 a las 04:20
Saltillo, Coah.- La mercadotecnia le colgó un montón de etiquetas y el capitalismo le puso el signo de pesos: el amor pasó de ser el sentimiento más puro al objeto más codiciado, al grado de convertirse en un producto inalcanzable. Único, mágico, especial, irrepetible… y costoso.
Porque así es todo lo bonito: la cena perfecta, un viaje juntos, un anillo, boda, hijos, la casa de los sueños; y es cuando al “felices para siempre” se le agrega un apartado: “cada uno por su lado”.
Entonces el amor, la forma más elevada de afecto, eso que nos hace buscar el genuino bienestar de la otra persona sin esperar nada a cambio, incondicional, ajeno al egoísmo, eso que nos vendieron muy caro… parece que ya no existe.
Es como si el concepto hubiera mutado en una cosa amorfa como La Sustancia, y hoy camine entre nosotros deforme, inconsistente, frágil y sobrevalorado, provocando reacciones de rechazo entre quienes lo encuentran.
Este “ente” es la antítesis del amor romántico, ese que obligaba a las mujeres a perdonar infidelidades, violencia y peligrosos estereotipos; y de hecho resulta todo lo contrario: egoísta y hedonista, o como lo bautizó el sociólogo Zygmunt Bauman, un “amor líquido”, donde la búsqueda del placer propio y la satisfacción inmediata dominan sobre el compromiso, y las relaciones son más de “usar y tirar”.
Mañana va a doler…
Para Jesús Cervantes, profesor investigador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila, el amor es un sentimiento inherente al ser humano, pero también es una construcción social y, dependiendo de la época y de las necesidades específicas de un contexto, van a cambiar las prácticas, los rituales y las instituciones que se crean en torno al concepto del amor.
Es decir, las interacciones están situadas en un contexto cultural, político, social y económico, de tal manera que el amor va a tener distintos significados y prácticas según la época en la que se instale; por ejemplo, el amor en el México posrevolucionario, necesitaba familias numerosas y unidas en pro del desarrollo y el progreso, hoy, ya no.
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¿Qué es lo que está pasando? Estamos en un mundo sobrepoblado, sobreexplotado, donde el consumismo y la mercantilización impera, donde la incertidumbre impera, porque no sabemos nada realmente, y esa incertidumbre que tenemos todos se ve reflejada también en las relaciones amorosas”, explica.
Entonces, regresando a Bauman, nada es constante, todo cambia, fluye; ya no hay relaciones sino conexiones; las personas se conectan y se desconectan en un mundo mercantilizado y vacío.
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En este sentido, Bauman plantea que, por el miedo o por el temor al sufrimiento, que es algo que caracteriza a este contexto en el que vivimos, pues entonces no me relaciono, no me enamoro, no creo una expectativa para toda la vida, porque va a doler después”, detalla Jesús Cervantes.

Un miedo irracional
De ese temor a sufrir nace la filofobia, que es el miedo irracional, intenso y persistente a enamorarse, a establecer vínculos emocionales profundos y/o a mantener relaciones románticas.
A menudo derivado de traumas pasados, el miedo al rechazo o a la pérdida de libertad, la filofobia se manifiesta en conductas de evitación, autosabotaje y ansiedad.
Es variada la manera de amar
Aunque todos conocemos a alguien así, que “le saca” al compromiso y le da la vuelta a la formalidad, Jesús Cervantes se mantiene optimista respecto al futuro del amor.
Entonces, ya no es como antes, de un amor único, exclusivo de pareja, unidos para siempre; hoy el amor se reparte entre los amigos, las metas profesionales, el amor propio, y eso es quizá más enriquecedor.

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