Arte

Publicado el miércoles, 21 de octubre del 2026 a las 05:46
Ciudad de México.- Michael Haneke, autor de algunas de las películas más incómodas, gélidas y confrontativas del cine contemporáneo, no volverá a filmar. El realizador austriaco se retiró discretamente, sin anuncios ni despedidas públicas, según confirmó Markus Schleinzer, cineasta, amigo y antiguo colaborador suyo.
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Pronto cumplirá 85 años. Se jubiló tranquilamente, sin anunciarlo. Sigue siendo una persona divertida cuando nos reunimos y resulta muy interesante conversar con él”, contó Schleinzer en entrevista.
Después de una carrera que transformó la relación entre las imágenes y el espectador, Haneke simplemente decidió dejar de hacer películas.
Un adiós discreto
Formado en filosofía, sicología y teatro, Haneke llegó tardíamente al cine: tenía 47 años cuando estrenó El Séptimo Continente (1989), retrato de la autodestrucción de una familia burguesa.
A partir de entonces desarrolló una filmografía de 12 largometrajes marcada por la incomodidad moral, la violencia soterrada y el rechazo a las respuestas fáciles.
Su obra le valió dos Palmas de Oro en Cannes, el Oscar a Mejor Película Internacional, el Bafta y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Sin embargo, sus reconocimientos no suavizaron una mirada que obligaba al público a enfrentarse con aquello que preferiría no ver.
Violencia fuera de campo
En Benny’s Video (1992), el director exploró la manera en que las imágenes pueden insensibilizar frente al dolor y la muerte. Con Funny Games (1997), cuestionó el consumo de la violencia como espectáculo y la complicidad de quienes observan.
En ambos casos, evitó convertir la provocación en una explicación cómoda: la incomodidad era parte central de la experiencia.
Planos prolongados, encuadres fijos, montaje contenido y ausencia de música incidental definieron su lenguaje. Haneke confiaba en que el silencio y la duración podían generar una tensión más perturbadora que cualquier recurso diseñado para sobresaltar al público.
Sin subestimar
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Es posible realizar películas que invitan a la reflexión. No hace falta recurrir a trucos. No hay por qué ser condescendiente con el público”, explicó Schleinzer al resumir el legado de su mentor. Para Haneke, la audiencia no necesitaba que le indicaran qué sentir ni que una banda sonora subrayara cada emoción.
Esa postura también se relaciona con su admiración por el francés Robert Bresson, referente fundamental de su concepción cinematográfica. De él y de su propia búsqueda surgió un ritmo pausado que concede espacio a la reflexión y permite observar a los personajes sin imponerles una interpretación.
El último gesto
Aunque Happy End (2017) fue su última película, Amor (2012) suele entenderse como la gran coda de su trayectoria. El drama sigue a una pareja de ancianos cuya vida cambia cuando ella sufre un derrame cerebral. Con austeridad formal y una mirada implacable, Haneke aborda el envejecimiento, la dependencia, el cuidado y los límites del amor.
Schleinzer conoció al director durante el rodaje de La Pianista, historia de represión y deseo frustrado. Más tarde colaboró en La cinta blanca, donde, además del casting, dirigió a los niños. La relación profesional se convirtió en amistad y, finalmente, en un impulso para emprender su propio camino.
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Se siente como si me estuvieras robando. Haces mi trabajo y lo haces de maravilla. Deberías irte”, recordó que Haneke le dijo en una ocasión. El comentario fue una invitación a dirigir sus propios proyectos y asumir la responsabilidad completa de ellos.
Lecciones finales
Schleinzer resume lo aprendido en dos principios: ser el primer soldado del propio proyecto y trabajar incansablemente para conseguir lo mejor de una película. La exigencia de Haneke, recordó, nunca era personal, sino una forma de defender la obra.
La segunda lección consistía en dirigirse al público de igual a igual, sin tratarlo como si fuera incapaz de
comprender.
En esa confianza se encuentra quizá la continuidad de su legado: películas que no ofrecen consuelo automático, sino preguntas que permanecen mucho después de que termina la proyección.
Haneke se marcha sin ceremonia. Su cine, en cambio, deja abierta la discusión.
Filmografía principal
1989: El Séptimo Continente
1992: Benny’s Video
1994: 71 fragmentos de una cronología del azar
1997: Funny Games
2000: Código Desconocido
2001: La Pianista
2003: El Tiempo del Lobo
2005: Caché (Escondido)
2007: Funny Games (versión estadunidense)
2009: La Cinta Blanca
2012: Amor
2017: Happy End
Una carrera sin concesiones
Nacido en Múnich, Alemania, el 23 de marzo de 1942, y criado en Austria, Michael Haneke estudió filosofía, sicología y teatro en la Universidad de Viena.
Trabajó en televisión y teatro antes de debutar en el largometraje con El Séptimo Continente (1989).
Su cine, caracterizado por la austeridad formal y el análisis de la violencia, la culpa y la responsabilidad del espectador, obtuvo dos Palmas de Oro en Cannes: por La Cinta Blanca (2009) y Amor (2012). También recibió el Oscar internacional por esta última.
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