Saltillo

Publicado el lunes, 27 de julio del 2026 a las 04:30
Saltillo, Coah.- Mientras se siguen buscando alternativas más sustentables para los procesos de construcción, se deja morir al adobe, uno de los más grandes aislantes térmicos de la historia, presente en las construcciones más antiguas de esta región, reconoció Griselda Salas Alemán, presidenta de la Asociación Mexicana de Urbanistas de Coahuila.
La experta señaló que durante miles de años, distintas civilizaciones construyeron con tierra. Mucho antes de que existieran los sistemas de climatización, nuestros antepasados ya sabían levantar viviendas capaces de proteger a sus habitantes del calor intenso durante el día y conservar una temperatura agradable cuando descendía el termómetro.
Una respuesta al clima
Reiteró que el adobe no fue una solución precaria, sino una respuesta inteligente al clima, al territorio y a los materiales disponibles. Sus muros gruesos tienen una elevada inercia térmica: absorben lentamente el calor y retrasan su paso hacia el interior, lo que ayuda a mantener los espacios frescos en las horas más cálidas.
Por la noche, cuando baja la temperatura, liberan gradualmente la energía acumulada. Esta cualidad resulta especialmente valiosa ante el cambio climático, el aumento de las temperaturas y las olas de calor cada vez más prolongadas.
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Sin embargo, para muchas personas el adobe continúa siendo sinónimo de pobreza, atraso o fragilidad. Esa percepción ha provocado que se desprecie un conocimiento constructivo acumulado durante generaciones y que se sustituyan viviendas térmicamente eficientes por edificaciones de block y concreto que se calientan con rapidez y dependen cada vez más de ventiladores y aparatos de aire acondicionado”, señaló.

Lo dejamos desaparecer
Consideró que “mientras buscamos materiales sostenibles, de baja huella ambiental y adecuados para enfrentar el calor extremo, dejamos desaparecer uno que reúne muchas de esas características. El adobe utiliza tierra disponible localmente, requiere menos energía para su fabricación que otros materiales industrializados y, cuando está correctamente elaborado, protegido de la humedad y sujeto a mantenimiento, puede conservarse durante siglos”.
Esta propuesta trata de recuperar la inteligencia climática del adobe, investigar sistemas contemporáneos que mejoren su resistencia y reduzcan dimensiones, actualizar normas, capacitar constructores y crear créditos para conservar y adaptar este patrimonio.

Altos costos de restauración
Esta exclusión también ayuda a explicar por qué numerosas edificaciones de adobe en los centros históricos se encuentran abandonadas o en ruinas. Sus propietarios enfrentan altos costos de restauración, dificultades para obtener financiamiento y restricciones para intervenir inmuebles con valor patrimonial.
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Ante la falta de incentivos y acompañamiento técnico, el deterioro avanza hasta que la demolición parece ser la única salida”, explicó.

Todo en su contra…
En terrenos urbanos cada vez más pequeños, los grandes muros requeridos para el adobe reducen la superficie habitable y entran en conflicto con modelos inmobiliarios que buscan aprovechar cada centímetro. A ello se suman reglamentos, procesos de autorización, falta de mano de obra especializada y un sistema financiero que, por lo general, no considera estas viviendas dentro de sus esquemas convencionales de crédito, garantía y valuación.
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