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Coahuila

Del libre comercio a la competencia por la inversión

Por Jonathan Flores Pérez

Hace 3 meses

Como habrá notado, estimado lector, durante las últimas semanas las columnas de este espacio se han dedicado a desglosar los acontecimientos económicos, políticos y comerciales que giran en torno al principal acuerdo comercial de Norteamérica: el T-MEC. Y no es para menos; vivimos el momento en el que se están reescribiendo las reglas que, durante poco más de tres décadas, definieron la política comercial de México con América del Norte, sustentando casi 1.6 billones de dólares en comercio trilateral.

Precisamente por ello, cada semana comentamos los nuevos acontecimientos que van dando forma al nuevo modelo institucional del tratado para los próximos años. En este tenor, se está llevando a cabo en la Ciudad de México durante esta semana, el primer ensayo del esquema de negociación permanente que Washington impuso al T-MEC hace apenas tres semanas, mismo que ya se ha comentado en pasadas ocasiones en este espacio.

Pero, ¿cuál es la importancia de la primera reunión bajo el nuevo esquema de revisiones permanentes? A partir de ahora, la discusión se ha encaminado hacia un objetivo mucho más concreto: definir quién producirá, dónde se producirá y bajo qué condiciones podrán participar las empresas en las cadenas de valor de América del Norte. Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos fue muy claro un día antes de su llegada a nuestro país a la tercera ronda de negociaciones. Durante su comparecencia ante el Comité de Finanzas del Senado expresó su preocupación por incentivar la producción en Norteamérica en lugar de otras regiones que tienen mucha capacidad excedente o prácticas no basadas en el mercado.

En otras palabras, el objetivo es que cada vez más autopartes, componentes electrónicos, acero, aluminio y otros insumos se fabriquen dentro de Norteamérica y no provengan de economías asiáticas, particularmente de China y, en menor medida, de países como Vietnam, Malasia o Tailandia. Con ello, además de facilitar el comercio regional, se busca fortalecer la inversión, la producción y el empleo dentro de la propia región. Hasta aquí, a simple vista podría ser una buena noticia para México.

Sin embargo, los primeros resultados del nuevo enfoque de integración regional muestran que esa estrategia no ha beneficiado por igual a los tres socios comerciales. De acuerdo con datos de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), entre 2018 y 2025, Estados Unidos concentró el 77.3% de toda la inversión automotriz anunciada en América del Norte, equivalente a 346,510 millones de dólares (mdd), mientras que México captó apenas 55,120 mdd y Canadá 46,830 mdd, 12.3% y 10.4% respetivamente.

En este mismo periodo, los fabricantes de automóviles anunciaron inversiones por 190,500 mdd para nuevas plantas de vehículos eléctricos en América del Norte. De ese monto, 144,900 mdd —equivalentes al 76% del total— se concentraron en Estados Unidos. Estas cifras sugieren que más que fortalecer a la región de Norteamérica, lo que se busca es que la mayor parte de esa nueva capacidad productiva se instale dentro de sus propias fronteras, un objetivo que, por cierto, el presidente estadounidense ha expresado abiertamente en múltiples ocasiones.

En este nuevo escenario, el reto para México, además de buscar conservar el acceso preferencial al mercado estadounidense (cerca del 85% de las exportaciones entran al mercado estadounidense sin aranceles), será competir por la inversión que el propio T-MEC pretende atraer de regreso a Norteamérica. La diferencia es enorme. Estados Unidos utiliza el tratado como una herramienta de política industrial para relocalizar empresas y generar empleos dentro de su territorio, México, por su parte debe demostrar que sigue siendo el destino más competitivo en la región para esa nueva ola de inversiones y consolidar realmente el tan anhelado nearshoring. Esa será, probablemente, la discusión económica más importante de las revisiones permanentes del T-MEC durante los próximos años.

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