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¿Democracia en México?

Por Columnista Invitado

Hace 1 año

POR: JOSÉ WOLDENBERG

 

¿Podemos seguir hablando de democracia en México? No es una pregunta retórica por lo que estamos viendo y viviendo. Por supuesto, se pueden cerrar los ojos o voltear a ver a otro lado, pero ello no resuelve la pregunta. Será entonces mejor que la respuesta la dé cada lector. Después de que:

-El 54% de votos fue transformado en 74% de escaños en la Cámara de Diputados, no sólo contra el sentido común sino contra normas constitucionales que se diseñaron precisamente para evitar la distorsión de la voluntad popular.

-Por venganza del Ejecutivo, el Legislativo disolvió al Poder Judicial que le resultaba incómodo porque muchas de sus resoluciones no convalidaban los deseos presidenciales.

-Estamos en el proceso de elegir a jueces, magistrados y ministros que resultarán de una elección deficiente (por su diseño, presupuesto y operación) y serán fruto de la manipulación política de la fuerza mayoritaria.

-Se ha eliminado un buen número de los órganos autónomos del Estado que se crearon para cumplir tareas que el Gobierno no podía ni debía atender y sus facultades ahora estarán en diferentes dependencias del Ejecutivo.

-La seguridad pública será responsabilidad de un cuerpo militar, la Guardia Nacional, adscrito a la Secretaría de la Defensa Nacional, algo que desde hace 170 años se había intentado evitar.

-Continúa el desplazamiento de voces críticas en los medios, tanto públicos como privados. De manera lenta pero consistente, sea por miedo, precaución, oportunismo, subsidios (o combinados) desaparecen comunicadores y programas que resultaban “incómodos” al Gobierno.

-Los medios públicos se han convertido en voceros gubernamentales y/o partidistas y desatan una y otra vez campañas de desinformación contra aquellos que consideran sus adversarios (sean partidos, agrupaciones civiles o personas).

-Instituciones estatales, diseñadas para vigilar el comportamiento de las dependencias gubernamentales son alineadas a la voluntad oficial, como sucedió con la CNDH. Se les inutiliza, pero dejan de “molestar” al supremo Gobierno.

-Tribunales electorales llevan meses incompletos en su integración, porque la mayo-ría (oficialista) en el Senado se ha negado a nombrar a los magistrados a pesar de que la Corte cumplió con su misión de enviar las ternas. Y no es casual que, con esa deficiente integración, los tribunales (como el Federal y el de la Ciudad de México) se hayan convertido en correas de transmisión de la voluntad gubernamental.

-En el Congreso prácticamente se ha desterrado el debate para dar paso a una maquinaria inercial y subordinada que aprueba incluso reformas constitucionales sin que los legisladores tengan tiempo para leerlas, ya no digamos para estudiarlas.

-Desde el poder se desprecia una y otra vez los diagnósticos e iniciativas que surgen de ese archipiélago contradictorio en el que coexisten muy diversas organizaciones civiles.

-Desde la Presidencia de la República y su densa red de repetidoras se descalifica y niega a la diversidad política que modela al país.

-Cada vez más hablan como si en México existiera una sola fuerza política legítima, piedra de toque, como se sabe, de todo régimen autoritario.

 

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