“Malditos aquellos que con sus palabras
defienden al pueblo
Y con sus hechos lo traicionan”
Don Benito Juárez
Una mezcla de sentimientos nos invade, al darnos cuenta de la magnitud de la tragedia a la que hemos llegado por razones de la violencia desatada por grupos criminales que no dan tregua a los actos de barbarie que cometen.
¿Cómo hacer frente a una criminalidad que no respeta la vida humana y va imponiendo su ley?
Nunca pasó por mi mente ver a nuestro México querido en las condiciones de riesgo que hoy prevalece en todo el territorio.
Lo ocurrido recientemente en Lagos de Moreno, Jalisco, nos lleva a solidarizarnos con las familias de los 5 jóvenes desaparecidos. Como mujer, trato de ponerme en el lugar de cada madre de familia que llora la ausencia de su hijo y créame que no es fácil aceptar una situación como la que están viviendo infinidad de familias en México.
Es comprensible el silencio que se guarda debido a la impotencia, al miedo existente porque hablar puede significar agresión o también la muerte.
¿Por qué tantas desapariciones? ¿Por qué a nuestros jóvenes, casi niños? ¿Por qué a mujeres? ¿Por qué la forma sanguinaria en un comportamiento irracional e inhumano que no acaba de entenderse?
Hay una razón muy poderosa; los grupos criminales se sienten protegidos en sus derechos; derechos mal entendidos y aplicados.
Hace unos años -en el 2016- un convoy del ejército, sufrió un artero atentado en Culiacán, Sinaloa. La molestia del entonces Secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos fue tal que los describió como “enfermos, insanos, bestias, criminales con armas de alto calibre, seres sin conciencia que basan sus acciones en atemorizar a gente de bien. Este artero y cobarde ataque no es solo una afrenta al ejército, es también una afrenta a la naturaleza humana”.
Por supuesto que tenía razón. “La humillación no solo va dirigida al ejército, sino también al país, a quienes gobiernan, a quienes han aprobado leyes absurdas, a quienes defienden los derechos humanos sin consideración ni respeto a las instituciones y han atado de manos a las Fuerzas Armadas al no ofrecerles garantías en la lucha contra el narcotráfico”, escribí en esa ocasión.
El haber aceptado elevar a rango constitucional la figura de Derechos Humanos, que vino a sustituir las Garantías Individuales contempladas en nuestra Carta Magna fue un verdadero error.
Las consecuencias de esa absurda decisión se dejaron sentir muy pronto. El resultado está a la vista de todos.
En diferentes ocasiones he escuchado una frase que tiene mucho de razón: “desde que llegaron los derechos humanos vinieron a descomponer todo”. Obviamente se refieren a los organismos creados. Lo que sucede es que esas Comisiones han ido avalando malas conductas, pésimos comportamientos y actitudes deplorables. Actualmente, tenemos una sociedad más exigente en “derechos” aunque deficiente en obligaciones y deberes.
Y lo saben perfectamente los delincuentes. Ellos saben muy bien que gozan de total impunidad y se burlan de los ciudadanos, de las autoridades, de las corporaciones encargadas de la seguridad. Se burlan de la ley.
El abogado Javier Coello Trejo, a quien el expresidente José López Portillo, bautizara como el Fiscal de Hierro, nunca estuvo de acuerdo en que México cediera a la presión de los Estados Unidos y accediera a la firma en el tema de los derechos humanos. La razón que dio en su momento y que siempre ha defendido, es que tal decisión vendría a complicar a las autoridades policíacas en su proceso de investigación.
Para el abogado, los delincuentes no deben tener derechos humanos, deben tener garantías, porque hay que proteger a las víctimas. “No puedes darle “derechos” a un individuo que ametralla a mansalva a la gente” “La obligación del Estado es proteger a la sociedad”.
Cuánta razón había en sus palabras. El fracaso del gobierno en un tema tan delicado como es el de la seguridad con una política errónea de abrazos, no balazos, nos mantiene a todos en total indefensión ante la delincuencia que en este sexenio ha incrementado su poderío y su agresividad.
Pero lo que sí está rebasando la tolerancia es el derramamiento de sangre en no pocas ciudades de nuestro México, donde hoy, políticos tienen que pagar su cuota a los criminales para que les permitan gobernar; si se le puede llamar de esa manera a lo que están haciendo, que en realidad equivale a ceder a chantajes.
Con todo lo que está ocurriendo en nuestro México ¿Aún hay quien crea que los derechos deben ser para todos por igual? ¿O hay que considerar que es tiempo de poner un alto a tanta barbarie?
Dios proteja a cada familia en nuestro bello y sufrido país y por supuesto, a nuestras Fuerzas Armadas que tratan de protegernos a pesar del gran riesgo al que se exponen. Gratitud y bendiciones.
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