Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 8 de marzo del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coah.- ¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?: Marcela Lagarde
El Día Internacional de la Mujer, celebrado hoy ocho de marzo, es una fecha para recordar la lucha histórica por la igualdad de género, el ejercicio efectivo de los derechos de las mujeres y la denuncia de la violencia, así como las desigualdades persistentes.
En exclusiva para Periódico Zócalo, el testimonio de Elvia Zayas Venegas, una mujer que con su don de servicio y ejemplo de vida, les ha devuelto la fe en sí mismas a muchas mujeres con las que trabaja en diversos grupos de ayuda comunitaria.
“ Soy una enfermera jubilada de sesenta y siete años de edad, mi profesión en gran medida me enseñó que en el servicio está la gracia”.
“ Cuando nos desprendemos del ego para ver sin juicio el dolor de los demás, los que nos nutrimos somos nosotros”.
Desde el año 2013 formo parte de la Pastoral de la Salud, de la Diócesis de Piedras Negras, en la dimensión de los talleres de duelo por pérdida de un ser querido y por ruptura matrimonial.
Actualmente también visitando enfermos.
En esta oportunidad con la que la vida me ha honrado de trabajar con muchas mujeres y sus historias de dolor, violencia, maltrato, engaños, veo un sufrimiento aprendido por generaciones.
No se puede amar lo que no se conoce, y no se puede cuidar lo que no se ama.
Todo cambio comienza cuando nos damos a la tarea de conocernos, ahí ocurre la magia donde adquirimos la sabiduría y el poder para decidir estar bien.
No puedo ser de nadie, sin antes aprender a ser mía.
La carencia afectiva con frecuencia nos invita a creer que nos enamoramos de otras personas, sin saber que lo que va a definir el éxito o el fracaso de esa historia, es el amor que sentimos por nosotras mismas.
Toda persona que no conozca su valor, está condenada a coincidir con personas que sean incapaces de verlo.
Soy una fiel creyente de que todo emana del amor, pero del amor bien entendido, ese que se construye con la reciprocidad, el que dignifica y transforma.
Me estalla el corazón de felicidad cuando veo en los talleres de ruptura esa evolución en la que las mujeres se perdonan, se liberan y se reconstruyen mediante un aprendizaje en el que toman con responsabilidad las riendas de su vida.
Quizá no siempre congeniamos en pensamientos con la pareja, pero el derecho a ser, ese es únicamente nuestro.
El lugar que ocupamos en la vida, no lo designa nadie, lo elegimos cada una.
Cuando nos coartamos, cuando cedemos nuestra autonomía, nos vamos vaciando hasta quedarnos sin nada.
Hay que aprender a ver a los ojos, sin enojarnos, sin juzgar, sin agredir, pero entendiendo que la validación no está en el exterior, sino en el interior.
Las mujeres desempeñamos muchos roles, es fácil perder el equilibrio.
Pero si algo aprendí en este andar y en la cercanía con tantas maravillosas mujeres, es, que, si no te enamoras primero de ti y de corazón te convences que eres única e irrepetible, la vida no te tratará con amor, porque la vida no es otra cosa, más que el espejo de nosotras mismas”.

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