Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 4 de enero del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coahuila.- “Debajo de cada uniforme existe un ser humano, que vive y siente igual que tú”
El pasado viernes dos de enero se celebró el Día Internacional del Policía, en homenaje a los funcionarios policiales en servicio, y fallecidos en el cumplimiento de su deber.
Su labor conlleva riesgos y constantes peligros, al constituir el primer eslabón en la ciudad, en el combate del crimen y la delincuencia, salvaguardando la integridad de la sociedad.
En exclusiva para Periódico Zócalo, Victoria Ferrer López, policía desde hace más de veinticinco años.
“ Cada día salimos de casa, pero no todos regresamos a ella”.
Tras varios meses buscando trabajo, en ciudad México y Coahuila, con la incertidumbre y la agonía de saberte el único sustento de un adolescente y dos niños pequeños, el veintitrés de marzo del año dos mil, justo el día de mi cumpleaños número treinta y cuatro, la Policía Auxiliar de la Ciudad de México, fue la respuesta a la desesperada oración que cada noche hacía, para encontrar trabajo.
Evidentemente tenía miedo, porque el solo hecho de portar el uniforme implica muchos desafíos, miedo porque era un mundo para mí desconocido, ya que siempre me desempeñé en trabajos oficinistas, pero mi miedo no era más grande que mi necesidad de sacar a mis tres hijos adelante.
Los primeros diez años trabajé en el sector operativo de la vía pública, dando servicio a diferentes alcaldías y metrobuses.
Después trabajé por cinco años en intramuros, que son diferentes tipos de usuarios privados, dentro de instalaciones, en mi caso tocó el Instituto Mexicano del Seguro Social.
Llevo diez años desarrollándome en área administrativa.
Ser policía me ha enseñado que en este trabajo que no importa si eres hombre o eres mujer, tu desempeño no se va a medir por tu fuerza, sino por tu preparación.
Nuestra preparación es integral y constante, de las primeras cosas que aprendí siendo policía, fue arte marcial llamada aikido, que es la combinación de diversas artes marciales tradicionales japonesas con una profunda enseñanza espiritual, pues en la detección de delincuentes no hay rival pequeño.
El riesgo es alto, pero también nos dotan de herramientas para no salir lastimadas, pues la mayoría de las mujeres que coincidimos en esta profesión, tenemos una familia que depende de nosotras.
Cuando entré a la Policía eran muchas las dudas y temores, pero sorprendentemente me gustó, sabía que tenía la capacidad de hacerlo, soy apasionada del autodescubrimiento.
En este camino no sólo te desarrollas como servidor público, también te desarrollas como ser humano, servir te ennoblece, cuando te vuelves respetuoso de los demás, te vuelves respetuoso de ti mismo.
Trabajamos jornadas extenuantes, de veinticuatro por veinticuatro, o por cuarenta y ocho horas, somos madres, somos hijas, padres de familia, movidos por un solo propósito, darles calidad de vida a los nuestros, todo lo que hacemos es por amor a la familia.
Ser policía me ha dado muchas satisfacciones, entre ellas equilibrarme como persona.
Me ha enseñado la verdadera sororidad entre mujeres, cada compañera nueva que entra la apoyamos y la enseñamos, porque todas fuimos ella.
Y aunque nos rondan tantas historias, puedo decir con total honestidad, que hay muchos y muy buenos policías, y que orgullosa, me cuento entre ellos.
La corrupción y la deficiencia la hay en todos lados, pero siempre hay quien hace la diferencia.
Este año cumplo veintiséis años de servicio, empiezo a planificar mi futuro, porque estoy a cuatro años de poder retirarme a casa a disfrutar de los míos.
Pero en mi corazón siempre habrá gratitud a lo que soy.
“ Pues la Policía Auxiliar de la Ciudad de México, ha sido para mí, lo que es para tantas mujeres, ‘oportunidad’”.
Victoria Ferrer López, orgullosa mujer policía.
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